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Isla Fanerón

“Contando los componentes de mi consciencia.”

Traducido del original en https://auxiliarymemory.com/2018/11/20/counting-the-components-of-my-consciousness/ escrito por James Wallace Harris.


 

Cuando la disciplina científica de la Inteligencia Artificial surgió en la década de 1950, los académicos comenzaron a creer seriamente que algún día las computadoras se volverían sintientes como nosotros, y tendrían conciencia y autoconocimiento. La ciencia no tiene idea aún de cómo los humanos son conscientes de la realidad, pero los científicos asumen que si la naturaleza puede darnos autoconsciencia accidentalmente, entonces la ciencia debiera poder construirla intencionalmente en las máquinas. En los más de sesenta años desde esa época, los científicos le han dado a las computadoras más y más conciencia y habilidades. La pregunta de sesenta y cuatro mil dólares es: ¿Cuáles son los componentes de la conciencia que se necesitan para la sintiencia, la percepción? He estado tratando de responder esto estudiando mi propia mente.

Por supuesto, la ciencia aún no sabe por qué los humanos somos autoconscientes, pero creo que si meditamos al respecto podemos visualizar los componentes de la consciencia. La mayoría de las personas se consideran a sí mismas como una mente completa, a menudo sintiendo que son una persona pequeña dentro de sus cabezas, conduciendo su cuerpo. Si pasas tiempo observándote, verás que en realidad hay muchos subcomponentes.

He experimentado lo que es no tener lenguaje dos veces en mi vida . Es una sensación muy reveladora. La primera vez fue en la década de 1960, cuando tomé una dosis demasiado grande de LSD. La segunda vez fue hace años, cuando experimenté un ligero ACV. Si meditas, aprendes a visualizar los momentos en que observas la realidad sin lenguaje. Entonces te das cuenta de que tú no eres tus pensamientos. Los pensamientos son lenguaje y recuerdos, incluyendo recuerdos de experiencias sensoriales. Si te observas de cerca, sentirás que eres un observador separado de tus pensamientos. Un punto solitario que experimenta la realidad. Ese observador sólo desaparece cuando duermes o por el efecto de las drogas o los traumas. A veces, el observador se da cuenta de su propia presencia durante el sueño. Y si prestas suficiente atención, tu observador puede experimentar todo tipo de estados de conciencia, cada uno de los cuales considero un componente de la conciencia.

Lo importante a entender aquí es que el observador no es tus pensamientos. Las dos experiencias en que perdí mi componente de lenguaje fueron realmente esclarecedoras. En la década de 1960, los gurús del LSD afirmaban que el mismo provocaba un estado de conciencia superior. Yo creo que hace todo lo contrario, nos permite ser más animales. Creo que tanto en mi experiencia de ácido como en el mini ACV pude ver el mundo más parecido a como lo ve un perro. ¿Alguna vez te has preguntado cómo un animal ve la realidad sin lenguaje ni pensamientos?

Cuando tuve mi mini accidente cerebrovascular era el medio de la noche. Me desperté sintiéndome como si un rayo hubiese golpeado en mi sueño. Miré a mi esposa, pero no sabía cómo hablarle ni sabía su nombre. No tenía miedo. Me levanté y fui al baño. No tuve problemas para caminar. Encendí automáticamente la luz. Así que los reflejos condicionados estaban funcionando. Me senté en el inodoro y me quedé mirando las cosas. “Sabía” que faltaba algo, pero no tenía palabras ni cómo explicarlo, ni siquiera mentalmente, para mi mismo. Solo observaba lo que miraban mis ojos. Sentí cosas sin darles etiquetas. Solo estaba existiendo. No tengo idea de cuánto duró la experiencia. Finalmente, comenzó a regresar a mí el alfabeto y mentalmente empecé a recitar A, B, C, D, E, F …, entonces las palabras flotaron progresivamente hacia mi mente: baldosas, toallas, puertas, espejos, etc. Recordé el nombre de mi esposa, Susan. Me levanté y volví a la cama.

Últimamente, como mi capacidad para recordar palabras rápidamente ha comenzado a fallar, y me preocupa un posible futuro con Alzheimer, he estado pensando en ese estado de conciencia sin lenguaje. Las personas con demencia reaccionan de muchas maneras. Desde varios tipos de serenidad y calma hasta agitación, ira y violencia. Espero poder mantener la calma como lo hice en el baño en ese momento. Tener Alzheimer es como retroceder hacia la infancia. Perdemos nuestra capacidad de lenguaje, recuerdos, habilidades e incluso comportamientos condicionados. Pero el observador permanece.

La pregunta interesante es: ¿cuánto sabe el observador? Si alguna vez has estado muy enfermo, delirante o extremadamente ebrio, puedes recordar como aún así el observador se mantiene. El observador puede ser disminuido o dañado. Recuerdo estar muy borracho, tener visión de túnel y ver todo en blanco y negro. Mis habilidades cognitivas y de lenguaje eran casi nulas. Pero el observador fue lo último en irse. Imagino que lo mismo pasa con la demencia y la muerte.

Crear al observador será la primera etapa de la verdadera Inteligencia Artificial. La ciencia ya ha avanzado en el desarrollo de visión artificial, audición artificial, reconocimiento del idioma y otros componentes correspondientes a una conciencia mayor. Nunca se ha descubierto aún cómo agregar el observador. Es gracioso, pero me encanta contemplar la Inteligencia Artificial mientras me preocupo por la perdida de mis habilidades mentales.

Acabo de terminar un libro, American Wolf de Nate Blakeslee, sobre la reintroducción de lobos en Yellowstone. Los lobos son muy inteligentes y sociales, y se parecen mucho a los humanos. Blakeslee narra acciones de los lobos que me asombran. En una de ellas, un cazador le dispara a un lobo y camina por la nieve para recoger su trofeo. Pero a medida que se acerca al cuerpo, la compañera del lobo muerto aparece. Esta no amenaza al cazador, solo se sienta al lado del cuerpo y comienza a aullar. Luego aparece la manada y todos se sientan alrededor del cuerpo, también para aullar. Los lobos ignoran al cazador y solo se lamentan por su líder. Finalmente, el cazador retrocede para dejarlos en su vigilia. Decide recoger su trofeo más tarde.

He estado tratando de imaginar la mente del lobo que vio a su compañero asesinado por un humano. También tiene una mente observadora, pero sin lenguaje. Sin embargo, tenía vastos niveles de condicionamiento: viviendo en la naturaleza, socializando con otros lobos, y con experiencias con otros animales, incluidos los humanos. Los lobos rara vez matan a los humanos. Los lobos matan a muchos otros animales. Se matan rutinariamente entre sí. El libro de Blakeslee muestra que los lobos aman, sienten compasión e incluso empatía. Pero aparte de su propio lenguaje animal, no tienen nuestros niveles de lenguaje para explicar de manera abstracta la realidad. Ese lobo vio muerto a su compañero en la nieve. Por alguna razón, los lobos ignoran a las personas, incluso los que tienen armas. Los lobos en Yellowstone están acostumbrados a ser observados por los humanos. La manada que se presentó para llorar a su líder estaba haciendo lo que los lobos hacen desde el instinto. Es revelador intentar de imaginar lo que experimentaron cada uno de sus observadores particulares.

Si meditas, aprenderás a distinguir todos los componentes de tu conciencia. Hay muchos. Nos enseñan que tenemos cinco sentidos. Observarlos muestra cómo cada uno desempeña un papel en nuestra conciencia. Sin embargo, si sigues observando cuidadosamente, eventualmente notarás que tenemos más de cinco sentidos. Podemos identificar qué órgano sensorial siente hambre, sed, lujuria, dolor, etc. Y algunos sentidos son en realidad sentidos múltiples, como nuestra capacidad de probar. ¿No es acaso la conciencia de lo agridulce dos sentidos diferentes?

Sin embargo, siempre se vuelve al observador. Podemos sufrir enfermedades o traumas y el observador permanece hasta el último fragmento de conciencia. Podemos perder partes del cuerpo y sentidos y el observador permanece. Podemos perder palabras y recuerdos y el observador permanece.

Este conocimiento me deja contemplando dos cosas: una es cómo construir un observador artificial; y dos, cómo preparar a mi observador para la disolución de mi propia mente y cuerpo.

“No hay duda de que es posible pensar sin representaciones. El pensar nada tiene que ver con las representaciones, no se piensa mediante imágenes sino con conceptos y fórmulas. Y, justamente, allí donde terminan las imágenes empieza la filosofía. Sobre esto, precisamente, hemos discutido a menudo en nuestra mocedad: para tí el mundo esta formado de imágenes, para mi de conceptos. Decíate entonces que no tenías madera de pensador, y también te decía que eso no suponía una mengua porque, en cambio, dominas en el reino de las imágenes. Voy a explicártelo. Si en vez de correr mundo te hubieses hecho un pensador, habrías podido causar mucho daño. Hubieses sido un místico. Los místicos, para decirlo en forma breve y un tanto burda, son aquellos pensadores que no pueden emanciparse de las representaciones, por cuya razón no son, en realidad pensadores. Son artistas encubiertos: poetas sin versos, pintores sin pinceles, músicos sin notas. Hay entre ellos espíritus nobles y bien dotados, pero todos, sin excepción, son desgraciados. Tal hubieses podido ser tú. Y, en vez de eso, te has hecho, por suerte, artista, y has dominado el mundo de las imágenes, en el que puedes ser creador y señor, en vez de verte atascado y paralizado, como pensador, en lo insuficiente.”

“Narciso y Goldmundo” – Herman Hesse

“¿Qué sucede cuando la práctica de un artista se basa de manera sistemática en el engaño, la deshonestidad, la mentira, la fraudulencia, la imitación, el robo de identidad, el plagio, la manipulación del mercado, la guerra psicológica y el abuso consensuado? ¿Qué pasa cuando el humanismo se tira por la borda y la maquina tiene prioridad sobre la carne? ¿Qué sucede cuando una práctica artística se opone con firmeza a la emoción y promueve el estilo sobre la sustancia, lo insípido sobre la genialidad, el proceso mecánico sobre el contacto, el aburrimiento sobre el entretenimiento, la superficie sobre la profundidad? ¿Qué pasa cuando la meta del arte es la alienación y su propósito es desentenderse de todo aquello a lo que comúnmente le atribuimos valor cultural y social?”

“Escritura No-Creativa” – Kenneth Goldsmith (Original de “The Ninth Bridgewater Treatise” – Charles Babbage)

“Si es cierto que mi identidad está por definirse y cambia a cada minuto – y en verdad creo que lo hace – es importante que mi escritura refleje este estado mudable de la identidad y la subjetividad. Eso puede significar adoptar voces que no son “mías”, subjetividades que no son “mías”, posturas políticas que no son “mías”, opiniones que no son “mías”, palabras que no son “mías” porque, al fin y al cabo, no creo que sea posible definir qué es mío y qué no lo es.”

“Escritura No-Creativa” – Kenneth Goldsmith

“¡Era realmente indignante la manera como la vida se mofaba de uno, era cosa para reír y de llorar! O bien se vivía, dando rienda suelta a los sentidos, hartándose en los pechos de la Madre Eva, y en tal caso, se conocían intensos placeres pero no se estaba protegido contra la caducidad: uno era entonces como un hongo del bosque, que hoy luce bellos colores y mañana está podrido; o bien uno se defendía y se encerraba en un taller y trataba de levantar un monumento a la vida huidiza, y entonces había que renunciar a la vida y uno era un mero instrumento, y aunque estaba al servicio de lo perduradero, se resecaba y perdía la libertad, la plenitud y el gozo de la vida (…) !Ah, y, sin embargo, la vida solo tenía un sentido si cabía alcanzar ambas cosas a la vez, si no se veía escindida por esa tajante oposición! ¡Crear sin tener que pagar por ello el precio del vivir! ¡Vivir sin tener que renunciar a la nobleza del crear! ¿Por ventura no era posible?”

“Narciso y Goldmundo” – Herman Hesse

“Cómo crea el cerebro una linea de tiempo del pasado.”

Traducido del original en https://www.quantamagazine.org/how-the-brain-creates-a-timeline-of-the-past-20190212/ escrito por Jordana Cepelewicz.


 

Comenzó hace aproximadamente una década en la Universidad de Siracusa, con un conjunto de ecuaciones garabateadas en una pizarra. Marc Howard, un neurocientífico cognitivo de la Universidad de Boston, y Karthik Shankar, quien era entonces uno de sus estudiantes postdoctorales, querían descubrir un modelo matemático de procesamiento del tiempo: una función computable neurológicamente para representar el pasado, como un lienzo mental en el cual el cerebro pudiera pintar recuerdos y percepciones. “Piensa en cómo la retina actúa como una pantalla que proporciona todo tipo de información visual”, dijo Howard. “Eso es lo que el tiempo es para la memoria. Y queremos que nuestra teoría explique cómo funciona esa pantalla “.

Es bastante sencillo representar un cuadro de información visual (como la intensidad de la luz o el brillo) en funciones de ciertas variables, por ejemplo la longitud de onda, ya que los receptores dedicados en nuestros ojos miden directamente esas cualidades en lo que vemos. Pero el cerebro no tiene tales receptores para el tiempo. “La percepción del color o la forma es mucho más obvia”, dijo Masamichi Hayashi, neurocientífico cognitivo de la Universidad de Osaka en Japón. “Pero el tiempo es una propiedad tan difícil de alcanzar”. Para codificar eso, el cerebro tiene que hacer algo menos directo.

El objetivo de Howard y Shankar fue identificar con precisión cómo se veía eso en al nivel de las neuronas. Su única corazonada al comenzar el proyecto era, según Howard, su “sensación estética de que debería haber un pequeño número de reglas simples y hermosas”.

Crearon ecuaciones para describir cómo el cerebro podría en teoría codificar el tiempo de manera indirecta. En su esquema, a medida que las neuronas sensoriales se disparan en respuesta a un evento que se desarrolla, el cerebro asigna el componente temporal de esa actividad a una representación intermedia de la experiencia: una transformada de Laplace, en términos matemáticos. Esa representación le permite al cerebro preservar la información sobre el evento como una función de alguna variable que puede codificar en lugar de una función del tiempo (que no puede). Luego, el cerebro puede mapear la representación intermedia en otra actividad para una experiencia temporal (una transformada de Laplace inversa) para reconstruir un registro comprimido de qué sucedió y cuándo.

Apenas unos meses después de que Howard y Shankar comenzaran a desarrollar su teoría, otros científicos descubrieron de forma independiente las neuronas, llamadas “células del tiempo”, que eran “lo más cerca posible de tener ese registro explícito del pasado”, según Howard. Cada una de estas células se sintonizó en ciertos puntos en un lapso de tiempo, con algunos disparos, por ejemplo, un segundo después de un estímulo y otros después de cinco segundos, esencialmente cerrando los lapsos de tiempo entre experiencias. Los científicos podían observar la actividad de las células y determinar cuándo se había presentado un estímulo, en función de las células que se habían disparado. Esta fue la parte de la transformación inversa de Laplace del marco de los investigadores, la aproximación de la función del tiempo pasado. “Pensé, Dios mío, estas cosas en la pizarra, esto podría ser real”, dijo Howard.

“Fue entonces cuando supe que el cerebro iba a cooperar”, agregó.

Revitalizados ahora por el apoyo empírico de su teoría, él y sus colegas han estado trabajando en un marco más amplio, que esperan usar para unificar los diferentes tipos de memoria del cerebro y más: si sus ecuaciones son implementadas por las neuronas, podrían usarse para describir no solo la codificación del tiempo, sino también una serie de otras propiedades, incluso el pensamiento mismo.

Pero eso es un gran ‘si’. Desde el descubrimiento de las “células del tiempo” en 2008, los investigadores habían visto evidencia detallada y confirmadora de solo la mitad de las fórmulas matemáticas involucradas. La otra mitad (la representación intermedia del tiempo) seguía siendo enteramente teórica.

Hasta este último verano.

 

Ordenamientos y marcas de tiempo

En 2007, un par de años antes de que Howard y Shankar comenzaran a intercambiar ideas para su marco, Albert Tsao (ahora investigador postdoctoral en la Universidad de Stanford) era un estudiante universitario que estaba haciendo una pasantía en el Instituto Kavli de Neurociencia de Sistemas en Noruega. Pasó el verano en el laboratorio de May-Britt Moser y Edvard Moser, quienes habían descubierto recientemente las células de red (las neuronas responsables de la navegación espacial) en un área del cerebro llamada corteza entorrinal media. Tsao se preguntaba qué podría estar haciendo su estructura hermana, la corteza entorrinal lateral. Ambas regiones brindan una gran cantidad de input al hipocampo, que genera nuestros recuerdos “episódicos” de experiencias que ocurren en un momento particular en un lugar en particular. Si la corteza entorrinal media era responsable de representar a este último, entonces tal vez la corteza entorrinal lateral albergara una señal de tiempo.

El tipo de tiempo vinculado a la memoria en el que Tsao quería basarse está profundamente arraigado en la psicología. Para nosotros, el tiempo es una secuencia de eventos, una medida de contenido que cambia gradualmente. Eso explica por qué recordamos los eventos recientes mejor que los de hace mucho tiempo, y por qué cuando una cierta memoria viene a la mente, tendemos a recordar los eventos que ocurrieron casi al mismo tiempo. Pero, ¿cómo se creó desde allí un historial temporal ordenado y qué mecanismo neuronal lo habilitó?

Tsao no encontró nada al principio. Incluso determinar cómo abordar el problema fue complicado porque, técnicamente, absolutamente todo tiene cierta calidad temporal. Examinó la actividad neural en la corteza entorrinal lateral de las ratas mientras buscaban comida en un recinto, pero no pudo dar forma ni sentido a lo que mostraron los datos. Ninguna señal de tiempo distintiva parecía emerger.

Tsao presentó el trabajo, regresó a la escuela y durante años dejó solo los datos. Más tarde, como estudiante graduado en el laboratorio de Moser, decidió revisarlo, esta vez intentando un análisis estadístico de las neuronas corticales a nivel poblacional. Fue entonces cuando lo vio: un patrón de disparo que, para él, se parecía mucho al tiempo.

Él, los Mosers y sus colegas organizaron experimentos para hacer más pruebas sobre esta conexión. En una serie de ensayos, se colocó una rata en una caja con libertad para vagar y buscar alimento. Los investigadores registraron la actividad neural de la corteza entorrinal lateral y las regiones cerebrales cercanas. Después de unos minutos, sacaron a la rata de la caja y la dejaron descansar, luego la volvieron a colocar. Hicieron esto 12 veces durante una hora y media aproximadamente, alternando los colores de las paredes (que podrían ser negras o blancas) entre pruebas.

Surgió eventualmente lo que parecía una conducta neural relacionada con el tiempo, principalmente en la corteza entorrinal lateral. La velocidad de disparo de esas neuronas se aumentó bruscamente cuando la rata entraba en la caja. A medida que pasaban los segundos y luego los minutos, la actividad de las neuronas disminuía inconstantemente. Esa actividad aumentaba de nuevo al comienzo de la siguiente prueba, cuando la rata volvia a entrar en la caja. Mientras tanto, en algunas células, la actividad disminuía no solo durante cada prueba sino durante todo el experimento; en otras células, aumentó a lo largo.

Sobre la base de la combinación de estos patrones, los investigadores (y probablemente las ratas) podrían diferenciar los ensayos (rastrear las señales de ciertas sesiones en el cuadro, como si fueran marcas de tiempo) y ponerlas en orden. Cientos de neuronas parecían estar trabajando juntas para mantener un registro del orden de las pruebas y la duración de cada una.

“Se obtienen patrones de actividad que no son simplemente una combinación de retrasos para retener información, sino que analizan la estructura episódica de las experiencias”, dijo Matthew Shapiro, neurocientífico de Albany Medical College en Nueva York quien no participó en el estudio.

Las ratas parecían estar usando estos “eventos” (cambios en el contexto) para tener una idea de cuánto tiempo había pasado. Los investigadores sospecharon que la señal podría verse muy diferente cuando las experiencias no estaban tan claramente divididas en episodios separados. Así que tenían ratas que corrían alrededor de una pista en forma de ocho en una serie de pruebas, a veces en una dirección y otras en la otra. Durante esta tarea repetitiva, las señales de tiempo de la corteza entorrinal lateral se superponían, lo que probablemente indica que las ratas no pudieron distinguir un ensayo de otro: se mezclaron en el tiempo. Sin embargo, las neuronas parecían estar rastreando el paso del tiempo en vueltas únicas, donde se producía cambio suficiente de un momento a otro.

Tsao y sus colegas estaban entusiasmados porque, según afirmaban, habían comenzado a descubrir un mecanismo del tiempo subjetivo en el cerebro, uno que permitía que los recuerdos estuvieran claramente marcados. “Muestra cómo nuestra percepción del tiempo es elástica”, dijo Shapiro. “Un segundo puede durar para siempre. Los días pueden desaparecer. Es esta codificación mediante el análisis de los episodios que, para mí, da una explicación muy clara de la forma en que vemos el tiempo. Estamos procesando las cosas que suceden en secuencias, y lo que sucede en esas secuencias puede determinar la estimación subjetiva de cuánto tiempo pasa ”. Los investigadores ahora quieren saber cómo sucede esto.

Los cálculos de Howard podrían ayudar con eso. Cuando se enteró de los resultados de Tsao, que se presentaron en una conferencia en 2017 y se publicaron en la revista Nature el pasado agosto, se mostró extasiado: las diferentes tasas de disminución que Tsao había observado en la actividad neuronal eran exactamente lo que su teoría había predicho que sucedería en la representación intermedia de la experiencia del cerebro. “Parecía una transformada de Laplace del tiempo”, dijo Howard.

“Fue algo raro. Tuvimos estas ecuaciones en la pizarra para la transformada de Laplace y la inversa casi al mismo tiempo en que las personas descubrían las “células del tiempo”. Así que pasamos los últimos 10 años viendo lo inverso, pero no habíamos visto la transformada original… ahora lo tenemos. Estoy muy emocionado.”, agregó.

“Fue muy emocionante”, dijo Kareem Zaghloul, neurocirujano e investigador de los Institutos Nacionales de Salud en Maryland, “porque los datos que mostraron eran muy consistentes con las ideas [de Howard].” (En el trabajo publicado el mes pasado, Zaghloul y su equipo mostraron cómo los cambios en los estados neuronales en el lóbulo temporal humano se relacionaban directamente con el desempeño de las personas en una tarea de memoria).

“Hubo una alta posibilidad de que todo el trabajo que mis colegas, mis alumnos y yo habíamos hecho fuera simplemente imaginario. Que se tratara de un conjunto de ecuaciones que no existían en ningún lugar del cerebro o del mundo “, agregó Howard.

“Verlo allí, en los resultados del laboratorio de otra persona… fue un gran día”.

Creando lineas del tiempo del pasado y del futuro

Si el modelo de Howard es verdadero, entonces puede decirnos cómo creamos y mantenemos una línea de tiempo del pasado: lo que él describe como una “cola de cometa que se arrastra”, extendiéndose detrás de nosotros a medida que avanzamos en nuestras vidas, volviéndonos más borrosos y más comprimidos a medida que retrocede en el pasado. Esa línea de tiempo podría ser útil no solo para la memoria episódica en el hipocampo, sino también para la memoria operativa en la corteza prefrontal y las respuestas condicionantes en el núcleo estriado. Las mismas “pueden entenderse como operaciones diferentes que trabajan en la misma forma de historia temporal”, dijo Howard. Aunque los mecanismos neuronales que nos permiten recordar un evento como nuestro primer día de clases son diferentes a los que nos permiten recordar un hecho o una habilidad (como un número de teléfono o andar en bicicleta), puede que todos dependan de esta misma base.

El descubrimiento de las “células del tiempo” en esas regiones del cerebro (“Cuando las buscas, las ves en todas partes”, según Howard) parece apoyar la idea. Lo mismo con los hallazgos recientes (que pronto serán publicados por Howard, Elizabeth Buffalo de la Universidad de Washington y otros colaboradores) de que los monos que ven una serie de imágenes muestran el mismo tipo de actividad temporal en su corteza entorrinal que Tsao observó en las ratas. “Es exactamente lo que uno esperaría: el tiempo desde que se presentó la imagen”, dijo Howard.

Howard sospecha que el registro sirve no solo a la memoria sino a la cognición en su totalidad. Los mismos cálculos, propone, también pueden ayudarnos a entender nuestro sentido del futuro: es una cuestión de traducir las funciones involucradas. Y eso podría ayudarnos a dar sentido a la medición del tiempo, ya que está involucrada en la predicción de eventos futuros (algo que a su vez se basa en el conocimiento obtenido de experiencias pasadas).

Howard también ha comenzado a mostrar que las mismas ecuaciones que el cerebro podría usar para representar el tiempo también se podrían aplicar al espacio, a la numerosidad (nuestro sentido de los números) y a la toma de decisiones basadas en la evidencia recopilada — en fin, a cualquier variable que se pueda colocar en el lenguaje de estas ecuaciones. “Para mí, lo atractivo es que has creado una especie de moneda neuronal del pensamiento”, dijo Howard. “Si puedes escribir el estado del cerebro… lo que hacen decenas de millones de neuronas, como ecuaciones y transformaciones de ecuaciones, eso es pensar“.

Él y sus colegas han estado trabajando en extender la teoría a otros dominios de la cognición. Un día, tales modelos cognitivos podrían incluso conducir a un nuevo tipo de inteligencia artificial construida sobre una base matemática diferente a la de los métodos de aprendizaje profundo de hoy. Ya el mes pasado los científicos construyeron un nuevo modelo de red neuronal de percepción del tiempo, que se basaba únicamente en medir y reaccionar a los cambios en una escena visual. (Sin embargo, el enfoque se centró en la parte de la información sensorial de la imagen: lo que estaba sucediendo en la superficie y no en lo más profundo de las regiones cerebrales relacionadas con la memoria que estudian Tsao y Howard).

Pero antes de que sea posible su aplicación a la IA, los científicos necesitan determinar cómo el cerebro mismo está logrando esto. Tsao reconoce que todavía hay mucho por descubrir, incluyendo qué impulsa a la corteza entorrinal lateral a hacer lo que está haciendo y qué específicamente permite que los recuerdos se etiqueten. Pero las teorías de Howard ofrecen predicciones tangibles que podrían ayudar a los investigadores a encontrar nuevos caminos hacia las respuestas.

Por supuesto, el modelo de Howard de cómo el cerebro representa el tiempo no es la única idea que existe. Algunos investigadores, por ejemplo, postulan cadenas de neuronas, unidas por sinapsis, que se activan secuencialmente. O podría resultar que esté en juego un tipo diferente de transformada, y no la transformada de Laplace.

Esas posibilidades no frenan el entusiasmo de Howard.

“Esto podría estar todo mal”, dijo. “Pero estamos emocionados y trabajando duro”.

“¿Verdad, amigo, que el río tiene muchas, muchísimas voces? ¿No tiene la voz de un rey, de un guerrero, la voz de un toro y la de un pájaro nocturno, la de una parturienta y la de alguien que gime, y mil voces más?”

“Siddharta” – Herman Hesse

“Los ambientalistas están equivocados: la naturaleza no es sagrada y debemos reemplazarla.”

Traducido del original en https://mavenroundtable.io/transhumanistwager/transhumanism/environmentalists-are-wrong-nature-isn-t-sacred-and-we-should-replace-it-TZ7Msb4mOk-B3n4kNqsyqg/ escrito por Zoltan Istvan.


 

En un planeta en constante calentamiento, repleto de las cicatrices de una destrucción ambiental considerable, se pensaría que uno de los grupos sociales emergentes más notables, los transhumanistas, estaría preocupado. Muchos no lo están. Los transhumanistas quieren, primordialmente, vivir indefinidamente, y están indignados por el hecho de que sus cuerpos envejezcan y estén destinados a morir. Culpan a su naturaleza biológica y sueñan con el día en que el ADN sea reemplazado con silicona y datos.

Su rivalidad con la biología va más allá de sus cuerpos. Ven a la Madre Tierra como un espacio hostil donde cada criatura viva – sea un árbol, insecto, mamífero o virus – lucha siempre por sí misma, sola. Todo es parte de la cadena alimenticia y está sujeto a la Ley de la Naturaleza: ser consumido luego de un asesinato violento es el común de los casos. La vida es despiadada. Me hace pensar en los perros y los gatos, y como se ha reportado que, a veces, se comen a sus dueños luego de que estos hayan muerto.

Muchos transhumanistas quieren cambiar todo esto. Quieren eliminar a la biología de sus mundos. Prefieren el concreto, el metal y el código. Donde alguna vez la evolución biológica fue necesaria para crear primates y luego humanos modernos, la evolución consciente y directa ha tomado su lugar. El planeta Tierra no necesita ya a la inicua selección natural. Necesita algoritmos morales premeditados, concebidos desde la lógica, que hagan el mayor bien para la mayor cantidad posible de gente. Esto es algo que una IA probablemente pueda hacer mejor que los humanos en menos de dos décadas.

Irónicamente, la lucha contra el comienzo de la utopía es un golpe que lleva dándose desde hace medio siglo. Empezando con la gente bienintencionada de Greenpeace en los 70s, pero sobrepasados recientemente por ambientosocialistas que parecen muchas veces querer controlar cada aspecto de nuestras vidas, el ambientalismo ha tomado discursos y direcciones políticas y filosóficas en los niveles más poderosos de la sociedad. Los “creyentes verdes” pretenden hacerte pensar que los humanos están destruyendo nuestro único hogar, el Planeta Tierra, y que esta terrible acción nuestra es el problema más importante de nuestros tiempos. Han encendido la alarma de “salvar al planeta” por medio de pisotear al capitalismo y reducir drásticamente nuestra huella de carbono.

El problema más importante de nuestro tiempo es en realidad la evolución de la tecnología, y los ambientalistas están equivocados si piensan que la Tierra es nuestro único y permanente hogar. Antes de que termine el siglo, nuestro hogar para la mayoría de la vida inteligente será el microprocesador. Nos uniremos con las máquinas y exploraremos tanto el universo virtual como el físico en forma de robots dotados de sentidos. Ese es el destino obvio de nuestra especie y la llegada de la era de la IA, popularizada por pensadores como Stephen Hawking, Ray Kurzweil y el autor de Homo Deus, Yuval Noah Harari. Compañías billonarias en California, como la de Elon Musk, ya están trabajando en tecnología para conectar directamente nuestros cerebros en tiempo real a internet. Puede que pronto no necesitemos al planeta en absoluto, solo servidores y una fuente de energía, por ejemplo, solar o de fusión.

Incluso si, por alguna razón, no nos unimos con las máquinas (porque ciertos gobiernos atemorizados lo prohíben, por ejemplo), aun así usaremos el microprocesador y sus capacidades de procesamiento de datos para cambiar nuestra estructura genética tan dramáticamente que no podría llamarse natural. Entraremos en la era Star Wars, donde literalmente cambiaremos nuestro ADN y apariencia biológica para convertirnos en aliens y criaturas para encajar en el ambiente que sea necesario. Si esto suena muy loco, solo consideren al genetista chino que, en 2018, cambio los genes de una niña en el útero, creando así el primer supuesto “bebé de diseñador”.

Sea lo que sea en lo que nos convirtamos quiero primero dejar en claro – como antiguo periodista del National Geographic que ha prestado cobertura apasionadamente a muchas historias ambientales – qué pienso que los humanos le están haciendo a la Tierra. Sí creo que estamos destruyendo el medioambiente. Sí creo que estamos sobrepoblados en muchas ciudades. Sí creo, también, que hay una alta probabilidad de que los humanos estén ayudando a causar el cambio climático. Y a pesar de que pienso que no necesariamente tengamos que destruir el planeta (en especial la fauna) o vivir en basureros contaminados hechos por el hombre, lo último que necesitamos es poner freno a la consumición, a la procreación y al progreso.

Lo que le estamos haciendo al planeta no es tan importante como lo que estamos logrando como especie en el advenimiento de la transición a la era transhumanista. Salvaremos y mejoraremos muchas más vidas en el futuro a través de bioingeniería, geoingeniería y nuevas tecnologías que las que dañarán los ecosistemas perjudicados. La salvación está en la ciencia y el progreso, no en la sustentabilidad o la preservación de la Tierra. El discutir o hacer lo contrario es ser sádico y actuar inmoralmente en contra del bienestar de la humanidad.

Además, el futuro transhumanista previsto no es solo un lugar donde los humanos puedan vivir sin las constantes amenazas y hostilidad del mundo biológico; es también una era donde los seres vivos pueden finalmente superar el dolor y la miseria. Más allá de cambiar nuestra piel y vivir indefinidamente, un objetivo secundario del movimiento transhumanista es superar la vasta mayoría del sufrimiento – tanto en nosotros como en otros animales no-humanos. Por esto es que muchos creen que el transhumanismo -incluso si está conformado en su mayoría por terraplanistas- es el movimiento más humanitario en el presente.

Las herramientas que usan los transhumanistas para lograr sus cometidos (ciencia, tecnología y razón) dependen de economías prósperas, libre mercado e innovación. Estas vienen mayormente de países competitivos tratando de hacerse más poderosos y generar grandes cantidades de dinero. Un mayor producto económico es casi siempre el responsable de mejorar el estándar de vida, algo que ha ido subiendo considerablemente en los últimos 50 años para prácticamente todas las naciones del mundo. Pero eso podría cambiar rápidamente, con gobiernos reforzando cada vez más regulaciones pro-ambientales estrictas, las cuales retrasan a la industria y al comercio. Cuando fuerzas a las compañías a operar ineficientemente por ideales exagerados afectas sus resultados, y eso a su vez daña a los trabajadores y a la gente común. Es un hecho conocido que, cuando las economías se retrasan, cada vez más gente pierde propiedades, torna a la violencia y deja de lado la idea de formar familias.

Pero los medios no suelen presentar a la política ambiental de esta manera. De hecho, los medios son los responsables de mucha de la información errónea que apuntala al movimiento ambientalista, que está a menudo en desacuerdo con el transhumanismo. Una típica cabecera de noticias dicta: “Billonarios y Políticos que intentan proteger al planeta”. Muy gracioso. Los billonarios y los políticos, más comúnmente que no, tienen ambiciones de poder. En general no quieren que la gente tenga acceso a su riqueza, poder o ambientes prístinos, porque lo quieren para ellos solos. Por eso quieren paredes, fronteras, propiedad y control de todo. ¿Cuánta gente sin los recursos suficientes para comprar una casa, servicios de salud y comida podrían tomarse unas vacaciones a una tierra protegida, incluso si esta es pública como un parque nacional? ¿Cuántos cientos de millones de personas que viven en ciudades visitan “la Naturaleza”? Ninguna.

El ambientalismo moderno es un engaño fabricado por y para los ricos y poderosos. Es especialmente prominente en lugares liberales como la ciudad de Nueva York y mi ciudad natal de San Francisco. Tristemente, el ambientalismo es usualmente sólo una herramienta terrible para ejercer poder sobre aquellos con escasos recursos. La cantidad de minorías que visitan los parques nacionales estadounidenses – sólo 22% – comparado con los blancos es una diferencia abismal.

A pesar de las imperfecciones del capitalismo, sigo apoyándolo porque continúa siendo la mayor esperanza para que los pobres mejoren su estándar de vida – porque al menos los individualmente pobres pueden trabajar duro, ser inteligentes y eventualmente volverse ricos. Este fenómeno de pobres a ricos no es algo que pueda suceder en un ambiente socialista o comunista, donde casi cualquiera pierde (excepto los corruptos) y estas pérdidas suelen llevar a hambruna y una eventual guerra civil.

Los ambientosocialistas y sus nuevos “acuerdos verdes” son uno de los peores ejemplos de aquellos que están tratando de traer un cambio a la sociedad. Esta gente produce muy poco (rara vez lo suficiente para mejorar a la sociedad de forma significativa) y prometen un planeta prístino, obviando el hecho de que la gran mayoría de la gente se verá damnificada – no asistida – por tales políticas anti-económicas.

Sin embargo, hay una alternativa a este horrible sistema dual en el que existimos para las masas: aprovechemos a los capitalistas y usemos los recursos naturales de nuestra nación para terminar con la pobreza, difundir la igualdad y llevar a los humanos a la edad transhumanista, donde la ciencia nos hará más saludables y fuertes.

América tiene aproximadamente 150 trillones de dólares en territorio federal inhabitado, sin contar parques nacionales que podríamos dividir entre sus ciudades. Esto equivale a medio millón de dólares en recursos para cada Americano – los 325 millones que existen. Como nación, deberíamos vender este territorio federal o, aun mejor, alquilarlo a los capitalistas y corporaciones que pueden pagarnos con algo real a cambio – un ingreso básico universal permanente, por ejemplo. Algunos llaman a esto Dividendo del Territorio Federal. Este arriendo, hecho correctamente, haría que el terreno provea más de $1500 por mes a cada ciudadano americano, dando a una familia de cuatro $75000 por año, indefinidamente.

Quienes están en contra dirán que los capitalistas destruirán por siempre la tierra y los recursos. Pero por un tercio de siglo, esto es poco probable, ya que todo el nuevo capital e innovación de la desinversión del territorio nos llevará mucho más rápidamente a la era de la nanotecnología, una era donde podemos recrear ambientes como nos plazca, incluyendo aquellos que han sido destruidos. Si piensas que hacer plástico con petróleo es algo impresionante, espera hasta que creemos bosques y junglas maduros en una sola semana con las próximas técnicas de edición genética. También podremos hacer volver a crecer cualquier animal o planta – incluyendo extintos – en grandes cantidades en un laboratorio, algo que ya está bastante cerca de suceder.

¿Pero por qué crear la misma naturaleza que es tan cruel por excelencia? Especialmente al convertirnos en transhumanos, con órganos biónicos imperecederos y perfectamente funcionales e implantes en nuestros cerebros conectándonos a la nube.

Creemos nuevos ambientes que encajen con nuestras necesidades modernas. Estos serán virtuales, sintéticos, y maquinales. Estos nuevos mundos serán sin lugar a duda mas morales y humanitarios que el de la naturaleza. Serán como nuestros hogares, autos y apartamentos, donde todo es inanimado o ya sin vida (y por ello encontramos allí confort y tranquilidad). Si dudas de esto, pasa un noche en la jungla o el bosque sin confort o comodidades, y veras si sobrevives.

 

No creo en el mal per se, pero si es que existe cosa tal, sería la naturaleza: un monstruo de entidades vivientes arbitrarias, consumiendo y devorándose entre sí simplemente para sobrevivir. Ninguna persona omnipotente tendría en sí el odio suficiente para crear un sistema donde todo quiere y necesita picar, matar y sobrepasar a todo lo demás únicamente para vivir. Y, sin embargo, ese es esencialmente el ambiente de todas las entidades vivientes. Los ambientalistas quieren convencerte de que la naturaleza es sagrada y un perfecto balance de todas las cosas vivientes, creciendo entre sí. En absoluto: es una guerra mundial de todo lo viviente luchando contra la agonía y la pérdida, de luchar o huir, de muerte hoy o muerte mañana, para ti y tu descendencia.

Es hora de usar a la ciencia y la tecnología para crear algo mejor que un ambiente de naturaleza biológica. Esto comienza admitiendo que los ambientalistas están filosóficamente equivocados – la llegada de la era transhumanista marcará el comienzo de un mundo con mucho menos sufrimiento, muerte y destrucción, incluso aunque tengamos que dañar al planeta para llegar a ello. Los humanos deben soltar las riendas que los atan a la Naturaleza, y entonces podrán finalmente ser libres de su hostilidad, su miseria y su fatalismo. Sobrepongamonos todos al empuje cultural del ambientalismo, porque este es totalmente antiético para nuestro futuro.

“…no creo que haya un “yo” estable o esencial. Yo soy una amalgama de muchas cosas: libros que leí, películas y programas de televisión que vi, conversaciones que tuve, canciones que canté, amantes que amé. De hecho, soy una creación de tanta gente y tantas ideas, que siento que he tenido muy pocas ideas o reflexiones originales propias; pensar que lo que yo considero “mío” es “original” sería de un egoísmo deslumbrante. A veces creo que he tenido un sentimiento o se me ha ocurrido una idea original cuando de pronto, a las 2 AM, al ver una película vieja en la tele que no había visto en muchos años, el protagonista dice algo que yo pensé que se me había ocurrido sólo a mí. O, dicho de otro modo, tomé sus palabras (que, claro está, tampoco eran “sus palabras”), las pensé como si fueran mías y me las apropié.”

“Escritura No-Creativa” – Kenneth Goldsmith

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