Traducido del original en https://www.nytimes.com/2019/04/13/opinion/sunday/taxes-public.html escrito por Binyamin Appelbaum.


 

La divulgación de los pagos de impuestos haría más fácil responsabilizar a los políticos. También ayudaría a reducir el fraude y la desigualdad económica.

 

En octubre de 1924, el gobierno federal de EEUU dispuso a la vista pública los archivos que registraban los ingresos de los contribuyentes y las cantidades que habían pagado en impuestos.

Los estadounidenses tenían un inmenso interés por las finanzas de sus vecinos. El New York Times dedicó una gran parte de la página principal a una lista de los principales contribuyentes de Manhattan bajo un titular que decía “JD Rockefeller Jr. pagó $7,435,169”. Un artículo informaba que varias esposas y ex esposas se habían alineado en una oficina del gobierno en Nueva York para buscar información sobre sus esposos actuales o anteriores. Los periodistas comenzaron a notar prontamente la curiosa ausencia de algunas personas notablemente ricas de las listas de los principales contribuyentes.

El Congreso había ordenado esta acción como arma contra el fraude fiscal. “El secreto es una de las mayores ayudas para la corrupción”, dijo el senador Robert Howell de Nebraska . “El precio de la libertad no es solo la vigilancia eterna, sino también la divulgación de información”.

Hay muchas razones para pensar que ese rayo de sol cumplió su propósito. Un claro ejemplo es que los estadounidenses ricos odiaron absolutamente la ley de divulgación y convencieron al Congreso para que diera la vuelta en sus planes rápidamente.

Casi un siglo después, es hora de revisar los méritos de la divulgación pública universal. Los demócratas en el Congreso están luchando para obtener las declaraciones de impuestos del presidente Trump bajo una ley distinta de 1924, escrita en respuesta a las preocupaciones relacionadas con la corrupción pública. Ese problema podría resolverse, al menos en parte, si el Congreso aceptase un caso más amplio: publicar la declaración de impuestos de todos.

Tanto ahora como entonces la divulgación podría ayudar a asegurar que las personas paguen una parte justa de impuestos. Los estadounidenses pagan por debajo de sus impuestos hasta un total de $450 mil millones cada año (más del 10 por ciento de los ingresos federales totales). La publicación de una lista de millonarios que pagaron poco o ningún impuesto este año podría reducir significativamente la cantidad de millonarios que pagan poco o ningún impuesto el próximo año.

En Noruega, donde los registros de impuestos han sido públicos desde la fundación del estado moderno en 1814, un periódico publicó en línea los registros en 2001. Un estudio estimaba que la mayor disponibilidad de los registros causó un aumento del 3.1% en los ingresos reportados de los trabajadores autónomos Noruegos en los tres años siguientes, tal vez por temor a ser expuestos.

La divulgación también podría ayudar a reducir las disparidades en los ingresos. La desigualdad es más fácil de ignorar en ausencia de evidencia. En Finlandia, donde los datos fiscales se publican cada año el 1 de noviembre, conocido jovialmente como el Día Nacional de los Celos, la gente trata la información como un barómetro de si la desigualdad está ampliándose demasiado.

Hay que tomar en cuenta que las empresas públicas están obligadas a informar la compensación de los altos ejecutivos – quienes verifican los informes de las compañías rivales para asegurarse de que no reciben un sueldo insuficiente.

Otro beneficio sería identificar patrones de discriminación ilegal contra las mujeres o las minorías. Lilly Ledbetter, cuyo nombre lleva laley de pago justo” de 2009, se habría enterado mucho antes de que estaba ganando menos que sus colegas masculinos en aquella planta de Goodyear en Alabama si hubiese podido consultar ingresos anuales de estos en un sitio web del gobierno.

La transparencia podría incluso ayudar a aumentar el crecimiento económico. Las personas que saben cuánto les pagan a sus compañeros de trabajo, y cuánto se les paga a otras compañías y otras industrias, pueden tomar mejores decisiones sobre su carrera.

Los datos fiscales también son una fuente valiosa de información sobre la vida estadounidense. El IRS (Servicio de Impuestos Internos) limita el acceso, pero uno de los pocos investigadores autorizados a trabajar con esa información, el economista de Harvard Raj Chetty, ha producido una serie de estudios importantes que ilustran la mecánica de la desigualdad económica. Él y sus colaboradores han demostrado que los estadounidenses tienen cada vez menos posibilidades de ganar más dinero que sus padres, y que vivir en un buen vecindario cuando niño tiene un impacto de por vida en los ingresos. Imaginemos lo que otros podrían aprender de esos datos.

Pedir más divulgación puede parecer discordante en un momento de creciente preocupación por la privacidad. Pero los impuestos son un acto del gobierno, no un aspecto de la vida privada. Los registros de impuestos a la propiedad proporcionan un modelo razonable. Los gobiernos locales revelan el nombre del propietario, el valor de la propiedad y la cantidad de impuestos adeudados y pagados. La misma información debe estar disponible para los impuestos sobre la renta (ingresos), no se necesita más nada.

Otra regla razonable: en Noruega, es un asunto de registro público cuando alguien mira los registros de impuestos. Todos pueden ver quién está husmeando. Wisconsin, que tiene a disposición información sobre ingresos e impuestos a pedido, impone el mismo requisito.

El impuesto a la renta en los Estados Unidos comenzó disponible a la vista pública. Cuando el Congreso impuso el primer impuesto sobre la renta en 1861, durante la Guerra Civil, requirió la revelación de nombres, ingresos y pagos de impuestos. Durante la siguiente década, antes de que el Congreso terminara el impuesto, estos datos se dieron al pueblo y se publicaron en los periódicos.

Esa práctica fue revivida brevemente en 1924. Es hora de otra reencarnación. La pregunta es si los estadounidenses están dispuestos a soportar algunos rayos de sol en aras de la imparcialidad y la igualdad.