Traducido del original en https://mavenroundtable.io/transhumanistwager/transhumanism/environmentalists-are-wrong-nature-isn-t-sacred-and-we-should-replace-it-TZ7Msb4mOk-B3n4kNqsyqg/ escrito por Zoltan Istvan.


 

En un planeta en constante calentamiento, repleto de las cicatrices de una destrucción ambiental considerable, se pensaría que uno de los grupos sociales emergentes más notables, los transhumanistas, estaría preocupado. Muchos no lo están. Los transhumanistas quieren, primordialmente, vivir indefinidamente, y están indignados por el hecho de que sus cuerpos envejezcan y estén destinados a morir. Culpan a su naturaleza biológica y sueñan con el día en que el ADN sea reemplazado con silicona y datos.

Su rivalidad con la biología va más allá de sus cuerpos. Ven a la Madre Tierra como un espacio hostil donde cada criatura viva – sea un árbol, insecto, mamífero o virus – lucha siempre por sí misma, sola. Todo es parte de la cadena alimenticia y está sujeto a la Ley de la Naturaleza: ser consumido luego de un asesinato violento es el común de los casos. La vida es despiadada. Me hace pensar en los perros y los gatos, y como se ha reportado que, a veces, se comen a sus dueños luego de que estos hayan muerto.

Muchos transhumanistas quieren cambiar todo esto. Quieren eliminar a la biología de sus mundos. Prefieren el concreto, el metal y el código. Donde alguna vez la evolución biológica fue necesaria para crear primates y luego humanos modernos, la evolución consciente y directa ha tomado su lugar. El planeta Tierra no necesita ya a la inicua selección natural. Necesita algoritmos morales premeditados, concebidos desde la lógica, que hagan el mayor bien para la mayor cantidad posible de gente. Esto es algo que una IA probablemente pueda hacer mejor que los humanos en menos de dos décadas.

Irónicamente, la lucha contra el comienzo de la utopía es un golpe que lleva dándose desde hace medio siglo. Empezando con la gente bienintencionada de Greenpeace en los 70s, pero sobrepasados recientemente por ambientosocialistas que parecen muchas veces querer controlar cada aspecto de nuestras vidas, el ambientalismo ha tomado discursos y direcciones políticas y filosóficas en los niveles más poderosos de la sociedad. Los “creyentes verdes” pretenden hacerte pensar que los humanos están destruyendo nuestro único hogar, el Planeta Tierra, y que esta terrible acción nuestra es el problema más importante de nuestros tiempos. Han encendido la alarma de “salvar al planeta” por medio de pisotear al capitalismo y reducir drásticamente nuestra huella de carbono.

El problema más importante de nuestro tiempo es en realidad la evolución de la tecnología, y los ambientalistas están equivocados si piensan que la Tierra es nuestro único y permanente hogar. Antes de que termine el siglo, nuestro hogar para la mayoría de la vida inteligente será el microprocesador. Nos uniremos con las máquinas y exploraremos tanto el universo virtual como el físico en forma de robots dotados de sentidos. Ese es el destino obvio de nuestra especie y la llegada de la era de la IA, popularizada por pensadores como Stephen Hawking, Ray Kurzweil y el autor de Homo Deus, Yuval Noah Harari. Compañías billonarias en California, como la de Elon Musk, ya están trabajando en tecnología para conectar directamente nuestros cerebros en tiempo real a internet. Puede que pronto no necesitemos al planeta en absoluto, solo servidores y una fuente de energía, por ejemplo, solar o de fusión.

Incluso si, por alguna razón, no nos unimos con las máquinas (porque ciertos gobiernos atemorizados lo prohíben, por ejemplo), aun así usaremos el microprocesador y sus capacidades de procesamiento de datos para cambiar nuestra estructura genética tan dramáticamente que no podría llamarse natural. Entraremos en la era Star Wars, donde literalmente cambiaremos nuestro ADN y apariencia biológica para convertirnos en aliens y criaturas para encajar en el ambiente que sea necesario. Si esto suena muy loco, solo consideren al genetista chino que, en 2018, cambio los genes de una niña en el útero, creando así el primer supuesto “bebé de diseñador”.

Sea lo que sea en lo que nos convirtamos quiero primero dejar en claro – como antiguo periodista del National Geographic que ha prestado cobertura apasionadamente a muchas historias ambientales – qué pienso que los humanos le están haciendo a la Tierra. Sí creo que estamos destruyendo el medioambiente. Sí creo que estamos sobrepoblados en muchas ciudades. Sí creo, también, que hay una alta probabilidad de que los humanos estén ayudando a causar el cambio climático. Y a pesar de que pienso que no necesariamente tengamos que destruir el planeta (en especial la fauna) o vivir en basureros contaminados hechos por el hombre, lo último que necesitamos es poner freno a la consumición, a la procreación y al progreso.

Lo que le estamos haciendo al planeta no es tan importante como lo que estamos logrando como especie en el advenimiento de la transición a la era transhumanista. Salvaremos y mejoraremos muchas más vidas en el futuro a través de bioingeniería, geoingeniería y nuevas tecnologías que las que dañarán los ecosistemas perjudicados. La salvación está en la ciencia y el progreso, no en la sustentabilidad o la preservación de la Tierra. El discutir o hacer lo contrario es ser sádico y actuar inmoralmente en contra del bienestar de la humanidad.

Además, el futuro transhumanista previsto no es solo un lugar donde los humanos puedan vivir sin las constantes amenazas y hostilidad del mundo biológico; es también una era donde los seres vivos pueden finalmente superar el dolor y la miseria. Más allá de cambiar nuestra piel y vivir indefinidamente, un objetivo secundario del movimiento transhumanista es superar la vasta mayoría del sufrimiento – tanto en nosotros como en otros animales no-humanos. Por esto es que muchos creen que el transhumanismo -incluso si está conformado en su mayoría por terraplanistas- es el movimiento más humanitario en el presente.

Las herramientas que usan los transhumanistas para lograr sus cometidos (ciencia, tecnología y razón) dependen de economías prósperas, libre mercado e innovación. Estas vienen mayormente de países competitivos tratando de hacerse más poderosos y generar grandes cantidades de dinero. Un mayor producto económico es casi siempre el responsable de mejorar el estándar de vida, algo que ha ido subiendo considerablemente en los últimos 50 años para prácticamente todas las naciones del mundo. Pero eso podría cambiar rápidamente, con gobiernos reforzando cada vez más regulaciones pro-ambientales estrictas, las cuales retrasan a la industria y al comercio. Cuando fuerzas a las compañías a operar ineficientemente por ideales exagerados afectas sus resultados, y eso a su vez daña a los trabajadores y a la gente común. Es un hecho conocido que, cuando las economías se retrasan, cada vez más gente pierde propiedades, torna a la violencia y deja de lado la idea de formar familias.

Pero los medios no suelen presentar a la política ambiental de esta manera. De hecho, los medios son los responsables de mucha de la información errónea que apuntala al movimiento ambientalista, que está a menudo en desacuerdo con el transhumanismo. Una típica cabecera de noticias dicta: “Billonarios y Políticos que intentan proteger al planeta”. Muy gracioso. Los billonarios y los políticos, más comúnmente que no, tienen ambiciones de poder. En general no quieren que la gente tenga acceso a su riqueza, poder o ambientes prístinos, porque lo quieren para ellos solos. Por eso quieren paredes, fronteras, propiedad y control de todo. ¿Cuánta gente sin los recursos suficientes para comprar una casa, servicios de salud y comida podrían tomarse unas vacaciones a una tierra protegida, incluso si esta es pública como un parque nacional? ¿Cuántos cientos de millones de personas que viven en ciudades visitan “la Naturaleza”? Ninguna.

El ambientalismo moderno es un engaño fabricado por y para los ricos y poderosos. Es especialmente prominente en lugares liberales como la ciudad de Nueva York y mi ciudad natal de San Francisco. Tristemente, el ambientalismo es usualmente sólo una herramienta terrible para ejercer poder sobre aquellos con escasos recursos. La cantidad de minorías que visitan los parques nacionales estadounidenses – sólo 22% – comparado con los blancos es una diferencia abismal.

A pesar de las imperfecciones del capitalismo, sigo apoyándolo porque continúa siendo la mayor esperanza para que los pobres mejoren su estándar de vida – porque al menos los individualmente pobres pueden trabajar duro, ser inteligentes y eventualmente volverse ricos. Este fenómeno de pobres a ricos no es algo que pueda suceder en un ambiente socialista o comunista, donde casi cualquiera pierde (excepto los corruptos) y estas pérdidas suelen llevar a hambruna y una eventual guerra civil.

Los ambientosocialistas y sus nuevos “acuerdos verdes” son uno de los peores ejemplos de aquellos que están tratando de traer un cambio a la sociedad. Esta gente produce muy poco (rara vez lo suficiente para mejorar a la sociedad de forma significativa) y prometen un planeta prístino, obviando el hecho de que la gran mayoría de la gente se verá damnificada – no asistida – por tales políticas anti-económicas.

Sin embargo, hay una alternativa a este horrible sistema dual en el que existimos para las masas: aprovechemos a los capitalistas y usemos los recursos naturales de nuestra nación para terminar con la pobreza, difundir la igualdad y llevar a los humanos a la edad transhumanista, donde la ciencia nos hará más saludables y fuertes.

América tiene aproximadamente 150 trillones de dólares en territorio federal inhabitado, sin contar parques nacionales que podríamos dividir entre sus ciudades. Esto equivale a medio millón de dólares en recursos para cada Americano – los 325 millones que existen. Como nación, deberíamos vender este territorio federal o, aun mejor, alquilarlo a los capitalistas y corporaciones que pueden pagarnos con algo real a cambio – un ingreso básico universal permanente, por ejemplo. Algunos llaman a esto Dividendo del Territorio Federal. Este arriendo, hecho correctamente, haría que el terreno provea más de $1500 por mes a cada ciudadano americano, dando a una familia de cuatro $75000 por año, indefinidamente.

Quienes están en contra dirán que los capitalistas destruirán por siempre la tierra y los recursos. Pero por un tercio de siglo, esto es poco probable, ya que todo el nuevo capital e innovación de la desinversión del territorio nos llevará mucho más rápidamente a la era de la nanotecnología, una era donde podemos recrear ambientes como nos plazca, incluyendo aquellos que han sido destruidos. Si piensas que hacer plástico con petróleo es algo impresionante, espera hasta que creemos bosques y junglas maduros en una sola semana con las próximas técnicas de edición genética. También podremos hacer volver a crecer cualquier animal o planta – incluyendo extintos – en grandes cantidades en un laboratorio, algo que ya está bastante cerca de suceder.

¿Pero por qué crear la misma naturaleza que es tan cruel por excelencia? Especialmente al convertirnos en transhumanos, con órganos biónicos imperecederos y perfectamente funcionales e implantes en nuestros cerebros conectándonos a la nube.

Creemos nuevos ambientes que encajen con nuestras necesidades modernas. Estos serán virtuales, sintéticos, y maquinales. Estos nuevos mundos serán sin lugar a duda mas morales y humanitarios que el de la naturaleza. Serán como nuestros hogares, autos y apartamentos, donde todo es inanimado o ya sin vida (y por ello encontramos allí confort y tranquilidad). Si dudas de esto, pasa un noche en la jungla o el bosque sin confort o comodidades, y veras si sobrevives.

 

No creo en el mal per se, pero si es que existe cosa tal, sería la naturaleza: un monstruo de entidades vivientes arbitrarias, consumiendo y devorándose entre sí simplemente para sobrevivir. Ninguna persona omnipotente tendría en sí el odio suficiente para crear un sistema donde todo quiere y necesita picar, matar y sobrepasar a todo lo demás únicamente para vivir. Y, sin embargo, ese es esencialmente el ambiente de todas las entidades vivientes. Los ambientalistas quieren convencerte de que la naturaleza es sagrada y un perfecto balance de todas las cosas vivientes, creciendo entre sí. En absoluto: es una guerra mundial de todo lo viviente luchando contra la agonía y la pérdida, de luchar o huir, de muerte hoy o muerte mañana, para ti y tu descendencia.

Es hora de usar a la ciencia y la tecnología para crear algo mejor que un ambiente de naturaleza biológica. Esto comienza admitiendo que los ambientalistas están filosóficamente equivocados – la llegada de la era transhumanista marcará el comienzo de un mundo con mucho menos sufrimiento, muerte y destrucción, incluso aunque tengamos que dañar al planeta para llegar a ello. Los humanos deben soltar las riendas que los atan a la Naturaleza, y entonces podrán finalmente ser libres de su hostilidad, su miseria y su fatalismo. Sobrepongamonos todos al empuje cultural del ambientalismo, porque este es totalmente antiético para nuestro futuro.