Una esquina florece en medio de mi cuarto… pero eso no puede ser.

Un estilo amanece imbuido en mis párpados, pero ya no sé qué ponerme. Trato de que no sea lo mismo, no quiero parecerme a mi padre, no quiero parecerme a mi padre, no quiero que sea lo mismo de nuevo de lo mismo
y el plástico corrugado encajándose arriba de varias capas de sí mismo. Sería genial: al fin algo fácil en la vida.

Pero ese es el problema más grande: eso es exactamente lo que pensaría mi padre.