Nos despertamos con sueño de nuevo, Negra. El azúcar de la piel debe haber sido, debe haber sido eso o la hora también. ¿Cuánto tardamos en dormirnos?
Si seguimos soñando que estamos despiertos, me animaría a decir que demasiado. Pero bueno, la verdad es que no lo sé: no soy un científico, solo una persona con sueño. Con sueño y sin café.
Este sería un momento perfecto para que estés acá, revolviéndome la taza con el dedo. No es joda, es… romanticismo barato, pero a la vez un poco de asco sano, como cuando te das un beso sin lavarte los dientes.

Hay ventanas corredizas que alcanzan en algunos barrios para cerrarle a tus brisas, pero a esta altura no sé de qué hablar cuando me dicen “viento”, aunque intento pero no lo siento. Me da igual ya estar vestido o pasándola mal, si para mentir solo me hacen falta los labios, pero mientras siga desnudo no va a haber nada que pare este frío.

Nos despertamos con sueños nuevos
de montañas erosionadas por arenas finas
(somos nosotros, golpeándonos repetidamente contra la conciencia)
que producen sal alimonada, de la que no podemos comer porque nos arruga la cara
y ya no tenemos tantas ganas de envejecer juntos.