Con las medias empapadas v.1

“Quiero escribir un párrafo
que sirva de pavimento para tus pisadas
pero solo puedo pensar en caminar por la calle
y olvidarme palabras en cada baldosa.”

Manuel, los colectivos pasan muy rápido hoy. Demasiado. Debe haber partido, o algo así.

Manuel, me duelen un poco los ojos por culpa de las gotas de sudor. Tiene que haber alguna solución, unas antiparras de tierra, algo canchero para llevar como vincha y bajar cuando no tenés techos que te refresquen el pelo, Manuel. Yo sé que igual en donde estás vos hace frío y que seguramente esto te parezca una boludez, pero me parece importante que sepas que pienso en calor y pienso en vos, que pienso en que me duelan los ojos y pienso en nosotros. Que te extraño, Manuel.

Manuel, de las ventanas de las casas (abiertas en par en par, estas no deben tener aire acondicionado) sale el aroma a vainilla de los postres, huele a las galletitas que hacías en Tucumán, entre tardes cubiertas por la calma de la siesta. Vainilla cubierta de vos y tu risa, Manuel. Faltan pocas cuadras para la avenida, me quedan pocos suspiros aromatizados, un rato más de no pensar en fijarme si viene o no el bondi (no veo nada, Manuel. Me duelen los ojos, los pies y las galletitas, debería haber traído un pañuelo para secarme la frente).

Te deben extrañar en tu casa, también. Lo que haya quedado tuyo, tus pinturas colgadas en la cabecera de la cama de tu mamá. Dicen que el pigmento se deteriora si lo exponés al sol Manu, seguramente me esté pasando eso ahora mismo. ¿El acrílico se seca más rápido con treinta grados o con cero? Te quiero llamar para preguntarte, pero me pediste que no te molestara los primeros meses, que ibas a estar mejor sin acordarte de tu vida acá. “Buenos Aires sale cara en la memoria”, y ojalá quedara solo ahí.

Estoy llegando a la avenida, Manuel. Ya no tengo un novio que me venga a buscar en auto (me encantaba que jodiéramos tanto con eso. Me hacía sentir que entendías de verdad que no me gustabas por tus cosas, que al visibilizarlo tanto lo tapabas de pavadas), ahora solo tengo una SUBE a cuatro usos de perder el magnetismo. Ojalá estés bien en Ushuaia, Manu. Ojalá te traten tan bien como te tratábamos acá, que tengas amigas que te cuenten sus dramones y se rian a carcajadas con los dientes manchados de vino hasta las tres de la mañana todos los fines de semana.

Manuel, los colectivos pasan muy rápido hoy. Demasiado. O por ahi soy yo que estoy muy lento, que me niego a adelantarme a mi cabeza. Te voy a escribir todo esto, Manuel. Pero no te lo voy a mandar, no te lo mereces, no merezco que no me des bola a la distancia. No mereces que te rompa las bolas a la distancia. No merecemos acordarnos de que tendríamos que estar olvidándonos del otro por tanto tiempo.

Ahi llega el colectivo, que increíble que sea tan puntual en esta ciudad y a esta altura del año, un día como hoy. Que increíble conocer a toda esta gente; gente que está, que pasa, gente que se queda. Los vecinos en la parada, la compañera de la Facultad sentada al fondo, el colectivero que me ve siempre a esta hora y me saluda con una sonrisa tan amplia.

“Buen día, Manu. Diez cincuenta por favor.”

 

 

Con las medias empapadas v.2

Quiero escribir un párrafo
que sirva de pavimento para tus pisadas
pero solo puedo pensar en caminar por la calle
y olvidarme palabras en cada baldosa.

Estoy con las medias empapadas de todo
(de sudor, de la humedad y de acordarme de tu saliva
bajándome despacio por la pierna.
Una cascada con el afluente más tranquilo de la montaña).

Me parece que conozco a todas las personas que veo
o debe ser que el vaho de los treinta y cinco grados
nos deforma a todos la cara por igual
hasta que somos hermanxs perdidos entre paradas de bondi
y bazares o chinos o rotiserias.

No sé por qué me acuerdo de toda mi familia
cada vez que pienso en que te extraño.

Será que estoy muy agradecido
por lo mucho que te quisieron,
por cómo sonríen cuando me preguntan cómo estás
y yo les digo, perdonándoles la ingenuidad
que no tengo idea, que me pediste que te diera aire,
que querías respirar otro aire,
que necesitabas casas sin aire, con estufas
encerradas en estalactitas, congeladas y encogidas
en madera y lata enchapada
que se ensancharan cuando lloviera
y que olieran a madera.

Que querías irte lejos y que lo más parecido al verano
fuese la primavera.

Pienso en vos cada vez que tengo calor,
me acuerdo de nosotros cada vez que pierdo el bondi.

Me duele que te hayas olvidado del barrio,
pero el barrio no se olvida nunca de sus mejores moradores.

Tu nombre está pintado en cada esquina,
taggeado en cada parada,
te recordamos aunque no seas vos,
aunque tu nombre lo tengan ya miles de personas
y la idea de la palabra no se condiga con tu cara.

Te recordamos, o tal vez
sea yo el único que te perdona.

No estoy seguro del día, de estar triste
o de tu cuerpo hundido en la Patagonia.

No volviste con el calor,
tan solo volvió tu memoria.

Pero sé que van a pesarme los rayos
quemándome las manos con la baranda
que podría ser el sol pero es tu cuerpo estallando en mi espalda
que podrían ser nuestras fotos pero en realidad es estar perdido
pensando que sé a donde ir
pero donde quiero estar no es ni cerca de mi destino.

No estoy seguro del día ni de estar triste
solo de que vas a volver
con el abrigo a cuestas
y las ventanas a punto de estallar.

Solo estoy seguro de que vas a volver
cuando el invierno te llame, de nuevo, a jugar.