Me desvelo al sol,
entregado a soñar.
Mirando a través de las letras.
Llorando que vivo.
“¿Qué tinta me ha manchado?
¿Tengo piel o sólo hojas?
¿Estoy destinado a ser un soldado
o solo un triste papamoscas?”
En un mundo donde se repiten las palabras
en una hoja donde en algún momento creí respirar
la soledad es un café a las cinco de la mañana,
la soledad es beber pensando que el tiempo importa.
“¿Sabrán los lápices la diferencia entre mis piernas y mi cerebro?
¿Sentirá el grafito el toque suicida de un color?”
Y en la literatura es todo tan hermoso
la tragedia de las sogas es regocijo puro:
toman formas de destino,
umbilical, de zapatos o al cuello.
“¿Conoceré algún día los movimientos de mi pincelero?
¿Seré la última sonrisa en un intenso ardor?”
Caminar descalzo por este vientre me corta los dedos de cuajo