“Fábula de la rana y el buey:

La rana lo miraba todos los días. El buey, grande y corpulento, tomaba agua y pastaba cerca de su estanque. Un día decidió ser como él. La rana empezó a tomar aire y más aire. Su pecho y panza se inflaron. En un momento dado no pudo más y se miró en el agua, se comparó, aún le faltaba mucho, pero mucho. Entonces, inspiró más fuerte que nunca y se infló tanto que empezó a elevarse por los aires.

El buey volteó a mirarla y pensó: “me gustaría poder volar como esa rana”.”

“Ventanas opuestas y otras ficciones verdaderas” – Carlos Germán Amézaga