Si chocas y te fundís no es culpa mía.

Las paredes están acá por una razón.
Y si la sal te parece muy salada,
a tus pupilas les sale mejor llorar
que a vos.

Si chocas y te fundís no es culpa mía.

Saliste hace poco a la calle
con los ojos cerrados
y te encandilaste.
Si el miedo fuese certeza
vos ya estarías volando.

Si chocas y te fundís no es culpa mía.

Venís dando vueltas
sintiendo las náuseas
como un abrazo fraternal
pero tus ojeras te lo dejan claro:
sentirte bien te da arcadas
y vomitar (ya) no es un beso.

Si chocas y te fundís no es culpa mía.
Si chocas y te fundís no es culpa mía.
Si chocas y te fundís no es culpa mía.

Si chocas y te fundís mea culpa,
pero no me llames más.

Si tanto te quejas de mi voz
¿por qué te empeñas en escucharla?
Agudos tenemos todos
y para grave ya está tu existencia.

Y si no podés verme más,
descolgá el espejo
de la puerta.
Poné un cuadro,
rompé los acrílicos
sobre la madera
o simplemente
dejala descubierta.

Vacío sos mucho más útil
que lleno de nada.