“…un día en que llevaba a mi hijo a un partido de béisbol del colegio nos vimos atrapados en un enorme atasco de circulación. Siempre me han fastidiado esos atascos; y en esa ocasión íbamos a perdernos, además, uno o dos innings. Sin embargo, caí en la cuenta de que no estaba fastidiado. No proyectaba la culpa en algún conductor incompetente. Mantenía relajados el cuello y los hombros. No descargaba la irritación contra mi hijo. Pasamos el rato conversando. Comprendí que sólo quería pasar una alegre tarde con Jordán, presenciando un juego del que ambos disfrutábamos. La meta de la tarde era pasar un rato juntos. Si yo me hubiera molestado y enfurecido, la salida se habría estropeado. Cuando miraba a mis hijos y a mi esposa, me preguntaba si habíamos estado juntos anteriormente. ¿Acaso habíamos elegido compartir las pruebas, las tragedias y las alegrías de esta vida? ¿Carecíamos de edad? Sentía hacia ellos un gran amor, una gran ternura. Comprendí que sus defectos eran cosas sin importancia. En realidad, no tienen tanta importancia.
El amor sí.”

“Muchas vidas, muchos maestros” – Brian Weiss