Te desesperaste al pedo (Título alternativo: “Axones en allegro agitato”)

Tenés ganas de escribir pero la voz en los auriculares te distrae.

Querés escuchar música pero tu compañero de laburo te habla de vaya uno a saber qué.
Querés escuchar a tu compañero pero se da cuenta de que te chupa un huevo lo que te esta contando y se pone a hablar con otra persona.
Querés volver a lo tuyo pero en la pantalla aparecen un nombre, un apellido y un número con una leyenda: “pasar contactos al equipo nuevo”.
Querés poner la mejor onda para hacer de cuenta que las sonrisas no son una parte más del uniforme, pero la señora está bastante enojada porque
A.su teléfono no es del color que ella pidió.
B.siente que está pagando mucho.
C.la trató como el orto alguno de los cinco que vinieron antes que vos.

Querés escuchar atentamente, pero en alguno de los pasos mecánicos que haces para completar tu trabajo todo se traba y no hay manera de seguir.No sabés si estás hablando de tu cabeza, que eligió apagarse antes que inmolarse y manchar ese hermoso celular que tanto le salió a la señora, o si estas hablando del trámite de la susodicha, que, por alguna de las razones por las que la tecnología requiere de alguien que la maneje, en uno de sus arranques de conciencia, en vez de transformarse, agarrarte firmemente del cuello y establecer, dominante, el primer paso de la revolución y un salto directo al siglo 22, el celular elije dejar de funcionar, no hacer lo único que tiene que estar haciendo en ese momento (un poquito por bobo y otro por reírse de vos: cómo te gustaría poder ser así con tanta facilidad).

Salís extasiado al encuentro con la señora, casi sofocada con los vapores de su propia conversación, la condensación de sus palabras contra el rojo de su cara, esperando las únicas dos salidas que puede haber, DEJAR DE HACER LO QUE ESTABAS HACIENDO y volver a la pacifica tarea de ahogarte en tu angustia por no poder escribir, ni una sola puta palabra, un monitor tan grande para una inspiración tan chica, o ENCONTRAR LA MANERA DE AYUDAR A LA SEÑORA.

Ya sé, yo sé lo que vas a decir, “pero eso me genera problemas con mis compañeros, hay que mantener un orden, una unificación de criterios”.

¿Una qué? No, posta, repetí las palabras.
Te escuché bien la primera vez, la segunda, tercera, todas, pero las palabras siguen siendo un grafema vacío, sintetizá querido: no querés que te rompan las pelotas y te escudás en la mala onda ajena para lograrlo.

Pero no siempre podes ser sincero a tu deber ser nefasto, algunos días te ganan las ganas de gastar las agallas y te animás a ser un poco más, y sin dudarlo ayudás a cualquiera que te lo pide, no pedís nada a cambio (con un saludo basta, que el otro reconozca que estas ahí, que te reafirme aquello que vos cada tanto sentís pero no te deja tan seguro).

Y ese reconocerte que estás ahí, que las sonrisas no son sólo resortes gastados abajo de tus mejillas, te hace peor de lo que querías (porque a veces te aguantás las ganas de llorar en el laburo, no [siempre] porque estés angustiado, si no porque querés darte un poquito de razón y admitir que no sos una CPU de carne, lógico-medular, dormido diurno eterno desastre, pelotudo con momentos de lucidez], y abrís de par en par las puertas que encierran todas tus preocupaciones de la semana, todas las cosas que pensaste pero no entendiste, tu avalancha personal (y bien orgulloso que estás de ella).

Y así nomás, capo. 
no te diste cuenta se destapo la botella se cayo la pintura manchaste las pantuflas las medias el piso se abre es ácido verde como en los dibujos animados hiciste un agujero en el techo del vecino miraste a través y caíste adentro tuyo



No es bronca, es pena.
No es sorna, es confusión.
No es nada, es parte de lo que soy.

Obvio mamá, obvio que el rosa es color de mujeres.
Obvio que para ser feliz tenés que no tener deudas (el dinero no es todo, pero como ayuda).
Obvio, obvio que sentir está sobre valorado, que cagarte en los demás esta buenísimo y que el fin justifica los medios.
Obvio que ser obvio es aburrirse, obvio que aburrirse es una opción. Obvio que igual te vas a aburrir, obvio que sos inconformista con las cosas equivocadas, obvio que la responsabilidad es lo único que te mueve, obvio que querés pagar tus deudas con las costillas, ya secas, podridas, de tu cuerpo carcomido. Obvio que salís, obvio que aprendés, obvio que no te importa, si lo que te importa está acá, en el centro del cerebro, y lo negaste tanto tiempo que se siente igual que vos ahora. Dejado de lado, inútil, saboreado a más no poder a los costados de la lengua del estereotipo, ansioso por vivir, por ser lo que tenga que ser, un punto una coma o la palabra a palabra a palabra.

Te desesperaste al pedo.

Si igual, al final del día, va a estar todo bien.

¿no?