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Isla Fanerón

Cuadernos de Concepción

Leer “Cuadernos de Concepción”

“Cuadernos de Concepción” (y la gran mayoría de los títulos que lo componen) nace de un ejercicio diario que realizaba cuando estaba semi-obsesionado con la escritura hace algunos años, en el cual dejaba fluir cualquier hilo de palabras que se me venía a la cabeza, la mayoría de las veces con resultados surrealistas que en ese momento eran literalmente mi meta (aunque no sé si escribir algo surrealista con intención cataloga como verdadero surrealismo. Dudo que varios onironautas estén de acuerdo), pero que muchas veces quedaban sólo como frases de tres o cinco palabras, que después se convertían en títulos más que en fragmentos de otros textos.

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“Mientras hablaba, miraba a Goldmundo a los ojos; tras el odio ardía algo que a él le emocionó y avergonzó y se le entró hondamente en el corazón. Vió en sus ojos la muerte, pero no el morir habemos, sino el morir queremos, el morir debemos, la tranquila obediencia y entrega a la llamada de la Madre del mundo.”

“Narciso y Goldmundo” – Herman Hesse

“-Quizá sea así – dijo Narciso -; ninguno de los dos puede entender al otro por entero. Pero es común a todos los hombres de buena voluntad el que, a la postre, nos sintamos avergonzados de nuestras obras y el que tengamos que empezar de nuevo, una y otra vez, y repetir el sacrificio.”

“Narciso y Goldmundo” – Herman Hesse

“Los muchos colores del ruido.”

Traducido del original en https://www.theatlantic.com/science/archive/2016/02/white-noise-sound-colors/462972/ escrito por Meghan Neal.


 

La mayoría de las personas están familiarizadas con el ruido blanco, ese sonido estático de un aire acondicionado que nos adormece ahogando todo ruido de fondo.

Excepto que, técnicamente, el torbellino de un ventilador o el zumbido del aire acondicionado no son ruido blanco en absoluto. Muchos de los sonidos que asociamos con el ruido blanco son en realidad ruido rosa, marrón, verde o azul. En ingeniería de audio, hay todo un arco iris de colores del ruido, cada uno con sus propiedades únicas, que se utilizan para producir música, ayudar a la relajación y describir ritmos naturales como el latido del corazón. Si sabes qué buscar, puedes comenzar a notar los colores del ruido que conforman el entorno sonoro que nos rodea.

Si descompones una onda de sonido, puedes dividirla en dos características fundamentales: frecuencia, que es la velocidad con la que la forma de onda vibra por segundo (un hertz es una vibración por segundo), y amplitud (a veces medida como “potencia”), el tamaño de las olas. Los tipos de ruido se nombran por una leve analogía con los colores de la luz: el ruido blanco, por ejemplo, contiene todas las frecuencias audibles, al igual que la luz blanca contiene todas las frecuencias en el rango visible.

En las ondas de sonido musical, las frecuencias están espaciadas a intervalos que encontramos agradables para el oído, creando una estructura armónica que le da al sonido su calidad de tono única, o timbre. Esto es lo que hace que la misma nota suene diferente en una flauta que en un violín. Los ruidos que escuchamos todos los días (botas pisando fuerte, un auto tocando bocina afuera, el tintineo de las llaves) están formados por formas de onda esporádicas, una distribución aleatoria de frecuencia y amplitud.

Y luego, en una categoría separada, están los ruidos de colores. A diferencia del golpe inconsistente de un tambor o de una voz que grita, estos sonidos son una señal continua, pero no son precisamente agradables. La palabra “ruido” en realidad proviene de una palabra latina para las náuseas; en ingeniería de audio, el término describe cualquier información no deseada que interfiere con la señal deseada, como la estática en la radio.

El ruido blanco puro suena como un silbido, “shhh”, que ocurre cuando el televisor o la radio están sintonizados a una frecuencia no utilizada. Es una mezcla de todas las frecuencias que los humanos podemos oír (aproximadamente 20 Hz a 20 kHz), disparadas al azar con igual potencia en cada una, como 20.000 tonos diferentes que se reproducen al mismo tiempo, mezclados en un estofado sonoro constantemente cambiante e impredecible.

Los otros colores son similares al ruido blanco, pero con más energía concentrada en el extremo alto o bajo del espectro de sonido, cambiando sutilmente la naturaleza de la señal. El ruido rosa, por ejemplo, es como el ruido blanco con los bajos elevados. Es un sonido “shhh” con un pequeño estruendo mezclado, como el suave rugido de una tormenta.

El ruido rosa suena menos áspero que el ruido blanco porque los humanos no escuchamos de manera lineal. Escuchamos en octavas, o la duplicación de una banda de frecuencia, lo que significa que percibimos tanto espacio sónico entre 30-60 Hz como entre 10.000-20.000 Hz. También somos más sensibles a las frecuencias más altas (de 1 a 4 kHz, que es aproximadamente la frecuencia del llanto de un bebé), por lo que el ruido blanco, que tiene la misma intensidad incluso en los tonos más altos, puede sonar demasiado “brillante” a nuestros oídos. La energía en el ruido rosa se reduce a la mitad cuando la frecuencia se duplica, por lo que cada octava tiene la misma potencia, lo que suena más equilibrado.

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Análisis espectral de ruido blanco y rosa, con frecuencia en el eje horizontal y potencia en el eje vertical.

En los últimos años, el ruido rosa se ha convertido en el favorito del espectro de ruido, destronando al blanco como la opción “de moda” en los generadores de ruido para el sueño o la concentración. En 2013, un estudio publicado en la revista Neuron encontró que el ruido rosa ayudaba a los participantes a lograr un sueño más profundo; en los últimos años, varios blogs de salud lo han promocionado como la clave para un mejor descanso nocturno.

El patrón inverso de ruido rosa, también llamado ruido 1/f, también se puede aplicar a muchos sistemas fuera del sonido. Si se toma el aumento y la caída de la marea, por ejemplo, y se la divide en formas de onda trazadas en un gráfico, seguirá 1/f, que es el punto medio exacto entre la aleatoriedad pura y el movimiento correlacionado. Resulta que gran parte de nuestro mundo opera en este punto ideal entre el caos y el control: el patrón de ruido rosa se ha encontrado en la mayoría de los géneros de música, la longitud de las tomas en las películas de Hollywood, la estructura del ADN, el ascenso y la caída de la marea, el flujo del tráfico y las variaciones en el mercado de valores. El mundo está básicamente inundado de rosa.

El ruido marrón o “browniano”, una versión más profunda del rosa, en realidad no lleva el nombre del color: proviene del hecho de que la señal imita el patrón de “caminata aleatoria” producido por el movimiento browniano, o movimiento aleatorio de partículas en el líquido. El sonido (que no debe confundirse con el ruido de la mítica “nota marrón”) es un estruendo más grave y profundo, como las olas del océano o los vientos fuertes.

El ruido azul, que tiene más energía concentrada en el extremo superior del espectro de sonido, es justo lo contrario: suena como el silbido de un rociador de agua, un chirrido agudo, sin ningún tono grave. Es esencialmente lo inverso al ruido rosa: con ruido azul, la frecuencia y la potencia aumentan a la misma velocidad, por lo que cada octava tiene tanta energía como las dos octavas por debajo de ella combinadas.

Debido a que las frecuencias agudas del ruido azul son más difíciles de discernir para el oyente, los ingenieros de sonido lo utilizan para un proceso denominado interpolación de audio, que agrega ruido a la señal de manera intencional para minimizar las distorsiones que aparecen durante el proceso de producción. Agregar ruido aleatoriza los errores, lo que ayuda a suavizar los bordes.

El ruido gris suena igual en cada frecuencia. Como el rosa, ha sido calibrado para que suene más equilibrado para el oído humano. No hay un único ejemplo de ruido gris, porque cada persona tiene una umbral de audición ligeramente diferente. En medicina, se usa para tratar la hiperacusia, un aumento de la sensibilidad a los sonidos normales, o tinnitus, un zumbido en el oído.

Los ruidos blanco, rosa y azul son los únicos colores que tienen definiciones oficiales en el estándar federal de telecomunicaciones, mientras que el marrón y el gris tienen distintos significados aceptados en diversas industrias. Mientras tanto, los otros colores del “arco iris del ruido” solo se han definido informalmente. El ruido verde, por ejemplo, se ha descrito como una señal con más energía concentrada en la mitad del espectro de sonido: con un rango de frecuencia limitado de alrededor de 500 Hz, supuestamente simula el ruido ambiental de la naturaleza. El ruido naranja se describe a veces como un ruido chocante y cacofónico, como una agrupación musical desafinando. El ruido violeta es simplemente una versión más intensa del azul, con incluso más energía concentrada en las frecuencias audibles más altas.

Y hay un color más de ruido que tiene un significado oficial: negro. Es una densidad espectral de aproximadamente cero potencia en cada frecuencia. Si el blanco es todas las frecuencias a la vez, el negro es el color del silencio.

 

“Por qué los símbolos no son para siempre.”

Traducido del original en https://www.sapiens.org/culture/symbols-shifting-culture/ escrito por Jamie Hodgkins.


 

El estado cambiante de los símbolos culturales revela mucho sobre quiénes somos y qué valoramos.

En noviembre de 2016, una escuela primaria en mi vecindario de Stapleton, Denver, Colorado, amaneció con una esvástica pintada a su frente. Como arqueóloga que se especializa en identificar los restos de animales cazados por humanos primitivos, mi trabajo no suele involucrar símbolos muy a menudo. Pero después de este evento, comencé a prestar atención a los símbolos que me rodeaban.  Comencé a preguntarme sobre la creación de símbolos, la inmersión de la sociedad en ellos y lo que dicen estos fenómenos sobre nuestra cultura, tanto antigua como nueva.

A menudo se presupone que la arqueología está limitada al reino de los antiguos. Sin embargo, el objetivo de la arqueología no es desenterrar momentos estáticos de hace mucho tiempo, sino utilizar elementos materiales para rastrear las fluctuaciones de la cultura humana: para mostrar cómo cambian las cosas, cómo cambian los valores. Construimos estatuas, luego las desfiguramos o demolemos. Creamos símbolos, luego alteramos sus significados. Algunos argumentan con vehemencia que monumentos como las estatuas de los confederados deben dejarse en su lugar, que su parte en la historia no debe ser “borrada”. Pero el cambio no es un borrado de la historia; es una parte de ella.

La esvástica es un buen ejemplo. A fines del siglo XIX, la gran ambición del empresario y “arqueólogo” alemán Heinrich Schliemann era demostrar que las ciudades nombradas en La Ilíada de Homero eran reales; que los reyes, príncipes, lugares y batallas del poema griego eran algo más que historias.  En sus excavaciones, utilizando métodos que serían considerados como “saqueo destructivo” según los estándares actuales, Schliemann descubrió un sitio en la costa de Turquía que identificó como la antigua ciudad de Troya. En ella encontró más de mil variaciones de cruces con brazos que se extendían a ángulos rectos, o remolinos. Los nombró basándose en la palabra del sánscrito svastika, que significa bienestar.

Las famosas expediciones de Schliemann impulsaron el símbolo a la cultura pop occidental. A principios de 1900, la compañía Coca-Cola usó la esvástica en sus productos como una señal de bienestar, surgieron varios negocios inmobiliarios con nombres como Swastika Acres y hasta el equipo de béisbol de los Boston Braves lo usó en sus sombreros para tener buena suerte en un juego de 1914 contra los Dodgers de Brooklyn.

A medida que crecían los sentimientos nacionalistas en toda Europa en las primeras décadas del siglo XX, la esvástica popular se preparaba para ser reinterpretada. Símbolos similares a la esvástica se habían encontrado asociados con restos culturales de las primeras tribus germánicas. Los nacionalistas afirmaron que la presencia de esvásticas en los antiguos sitios arqueológicos de Eurasia, desde Alemania hasta la antigua Grecia, era evidencia de una “raza aria pura” ancestral. Una vez que Adolf Hitler adoptó el signo como unificador del partido nazi, la esvástica quedó indiscutiblemente definida como símbolo del poder ario. Es el símbolo bajo el cual millones de judíos fueron maltratados, torturados y asesinados. La esvástica se mantiene hasta hoy entre los símbolos de odio más potentes de la historia.

Las personas le dan un significado a los símbolos y, así como las culturas cambian, también lo hacen las representaciones de esa cultura. Arqueológicamente, la esvástica se ha encontrado en Europa, Asia, África y América, representando más comúnmente lo cíclico y lo positivo: ciclos solares, bienestar, buena fortuna, auspiciosidad y conciencia. En 2019, reconocemos la esvástica como un símbolo de odio y opresión; un símbolo que, lamentablemente, se utiliza cada vez más en la era de la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos. Para evitar más daños, mi comunidad actuó rápidamente para eliminar la pintura en aerosol de nuestra escuela local.

 

Tal vez el más famoso y controvertido ejemplo de la utilización de los símbolos en los últimos años en los EE.UU. es con respecto a las estatuas y banderas confederadas; por ejemplos, las intensas y letales protestas relacionadas a la estatua del general confederado Robert E. Lee en Charlottesville, Virginia. Los activistas que asocian estos símbolos con la esclavitud, el racismo y la supremacía blanca piden con vehemencia que se eliminen, mientras que otros ciudadanos apasionados luchan por mantenerlos en su lugar como marcas de la historia y el orgullo del Sur. Algunos funcionarios han decidido trasladar esas estatuas desde espacios públicos a museos, donde sus complejas historias pueden ubicarse en el contexto adecuado. La ciudad de Gainesville, Florida, trasladó una estatua confederada a un cementerio. Muchas otras ciudades han optado por dejar las estatuas, los nombres de lugares y los monumentos sin cambios. Cada una de estas opciones refleja la identidad y los valores culturales locales.

Ninguno de estos sugiere un nuevo fenómeno. Los nombres y los monumentos se mudaron, grabaron o contaminaron, pero no se olvidaron: las historias de tales cambios no solo persisten en las ciudades modernas sino que llenan volúmenes de libros de arqueología en el estante de la oficina de mi universidad.

Consideremos uno de los ejemplos más llamativos de esos volúmenes: el antiguo Egipto. Durante el reinado del faraón egipcio Amenhotep IV de 1353 aC a 1336 aC, hubo un cambio religioso drástico del culto politeísta a una religión centrada en adorar al dios Atón. Los líderes prohibieron la adoración de ídolos y templos cerrados. Amenhotep IV trasladó la ciudad capital de Egipto de Tebas a una nueva ciudad llamada Akhetaten (el horizonte de Atón) e incorporó “Atón” en su propio nombre, Akenatón, y los nombres de su familia, incluido su hijo y heredero Tutankhaten (imagen de Atón).

Este cambio drástico fue duro para la economía egipcia y desvió el enfoque del faraón de los asuntos internos y externos, amenazando la estabilidad de Egipto. Así, luego de la muerte de Akenatón, Tutankhaten y sus asesores invirtieron la revolución religiosa de su padre, restaurando al dios Atón a una posición de gran importancia entre muchos dioses y trasladando la ciudad capital a Tebas. También cambió su nombre: Tutankhaten se convirtió en Tutankamón (conocido hoy como Rey Tut). La ciudad de Akhetaten fue destruida, las estatuas de Akhenaton fueron enterradas y su nombre borrado, todo lo cual puede verse en el registro arqueológico.

De manera similar, varias estatuas alrededor de Francia fueron decapitadas durante las Guerras de Religión del siglo XVI y la Revolución de 1789 y aún hoy, siglos más tarde, siguen sin cabeza. Las estatuas de la era comunista en Sofía, Bulgaria, fueron cubiertas de graffitis tras la caída del comunismo. La persistencia de estas figuras vandalizadas demuestra que la restauración no era una prioridad cultural; en cambio, se han conservado como símbolos del “poder del pueblo” y la fuerza de los revolucionarios.

 

Cuando los arqueólogos evalúan símbolos culturales, a menudo encuentran evidencias de inercia contra el cambio. Las personas gastan cada vez más cantidad de energía y dinero en el mantenimiento de asentamientos, templos y monumentos, incluso ante grandes desafíos. Ponen tanto tiempo, esfuerzo y dinero en ellos que puede ser difícil dejarlos ir. Esta inercia (un compromiso con “costos irrecuperables” o inversiones pasadas) puede ser peligrosa y causar disfunción. Se le ha atribuido la fragmentación de muchas civilizaciones, desde los imperios mesopotámicos y mayas hasta el sangriento fin de la monarquía francesa. Tanto los cambios ambientales como los culturales son inevitables, y para que las sociedades prosperen, deben cambiar y adaptarse.

Probablemente estemos en medio de un levantamiento de este tipo en los Estados Unidos. Después de que Trump fue elegido en otoño de 2016, algunas de las protestas más grandes en la historia de Estados Unidos han planteado y visibilizado cuestiones relacionadas con la desigualdad, la salud ambiental, la educación y la violencia. Las comunidades de todo el país están aferrándose firmemente a sus valores e identidad.

En mi comunidad en Denver hemos estado luchando con la identidad de una urbanización que lleva el nombre del ex miembro del Ku Klux Klan y alcalde de la ciudad, Benjamin F. Stapleton. Su nombre fue utilizado también para reemplazar el del antiguo Aeropuerto Municipal de Denver (ahora Aeropuerto Internacional de Stapleton) en 1944. Cuando el aeropuerto se reubicó en 1995, el sitio fue habilitado para el desarrollo de un nuevo vecindario. Quien construyó allí se aprovechó de las inversiones pasadas que hicieron que la ubicación de “Stapleton” fuera bien conocida, facilitando su branding, a pesar de la opinión de la comunidad de que el nombre estaba vinculado al pasado anti-negros de Denver.

Este mismo encargado anunció este nombre por toda la ciudad, a través de la radio, altavoces, en carteles y en volantes, invadiendo muchos hogares que alguna vez estuvieron sujetos a las políticas discriminatorias vigentes durante la época de Stapleton como alcalde. En 2015, la sucursal local de Black Lives Matter inició una petición para cambiar el nombre. Ahora, la comunidad está concentrada en una pregunta: ¿Deben invertir en el mantenimiento de un nombre elegido previamente o invertir en un cambio?

En el curso de este debate, se han expresado inquietudes sobre el costo del cambio y sobre “borrar la historia”. Pero si estas son las preocupaciones principales del vecindario, ¿por qué la misma comunidad se unió para borrar la esvástica de nuestra escuela? Una escuela es un centro de aprendizaje, y una esvástica es un símbolo histórico poderoso. ¿Por qué no se enmarca y se usa la esvástica para educar a los niños sobre el pasado? La respuesta es obvia. La mera sugerencia de preservar la esvástica resultó ofensiva. Fue pintada como un acto de violencia, para incitar al miedo. No tiene lugar en nuestra comunidad y fue borrada oportunamente. Nadie ha argumentado que la historia fuese eliminada en este caso.

Los futuros arqueólogos encontrarán e interpretarán los símbolos de nuestra comunidad para comprender los valores de nuestro tiempo. Tal vez al pensar en la profunda marca que dejarán nuestras acciones en el futuro registro histórico se destacará la importancia de los signos, nombres, estatuas y símbolos que permitimos que persistan en nuestra sociedad. Deberíamos preguntarnos qué dicen estos símbolos culturales sobre nuestra identidad o nuestra comodidad con las ideologías pasadas. Y si no nos gusta la respuesta, entonces deberíamos invertir en un cambio.

Eliminar símbolos que tienen una historia oscura no borra los errores pasados, pero sí reconoce esos daños y abre las puertas a un futuro mejor: conceptos que entienden los alumnos de escuelas secundarias locales que han presionado para eliminar el nombre de Stapleton de su escuela. Quizás en este caso, nuestras generaciones futuras pueda influir en el pasado.

“El abad debe recordar siempre lo que es y el nombre [padre] que lleva, y saber quién tiene a su cargo y de quién depende. Debe llevar a cabo la dura y difícil tarea que se ha impuesto, gobernar almas y adaptarse a los diferentes caracteres. A uno debe elogiarle, a otro censurarle, a otro persuadirle, y de acuerdo con el carácter y entendimiento de cada uno debe adaptarse de forma comprensiva de modo que no solamente no sufra ninguna pérdida en el rebaño que se le ha encomendado, sino que pueda alegrarse con su crecimiento. Sobre todo no debe prestar atención especial a las efímeras cosas terrenales descuidando o subestimando la salvación de las almas que tiene encomendadas. Más bien debe siempre recordar que ha aceptado dirigir almas de lo que tendrá que dar cuenta… Debe procurar ser amado en lugar de ser temido. Nunca debe ser impetuoso o impaciente, autoritario u obstinado, celoso o suspicaz, por lo que nunca debe descansar… y debe moderar todas las cosas de forma que los fuertes deseen seguirle y los débiles no se sientan rechazados.”

“El Monacato Cristiano” – Daniel Knowles (sobre la Regla de San Benito)

“Puesto que el hombre es una mezcla incierta de materia y espíritu, puesto que el espíritu le abre el conocimiento de lo eterno mientras que la materia tira de él hacia abajo y lo encadena a lo perecedero, debe esforzarse por huir de los sentidos hacia lo espiritual a fin de elevar su vida y darle un sentido. Es verdad que yo pretendía, por costumbre, tener en gran estima al arte, mas, en realidad, me mostraba altivo y lo desdeñaba. Ahora veo con claridad, por vez primera, que hay muchos caminos para el conocimiento y que el del espíritu no es el único y acaso no sea el mejor. Es mi camino, ciertamente, y en él me mantendré. Pero veo que tú, por el camino opuesto, por el de los sentidos, llegas a captar con igual hondura que los más de los pensadores el misterio del ser y a expresarlo de un modo más vivo.”

“Narciso y Goldmundo” – Herman Hesse

“Contando los componentes de mi consciencia.”

Traducido del original en https://auxiliarymemory.com/2018/11/20/counting-the-components-of-my-consciousness/ escrito por James Wallace Harris.


 

Cuando la disciplina científica de la Inteligencia Artificial surgió en la década de 1950, los académicos comenzaron a creer seriamente que algún día las computadoras se volverían sintientes como nosotros, y tendrían conciencia y autoconocimiento. La ciencia no tiene idea aún de cómo los humanos son conscientes de la realidad, pero los científicos asumen que si la naturaleza puede darnos autoconsciencia accidentalmente, entonces la ciencia debiera poder construirla intencionalmente en las máquinas. En los más de sesenta años desde esa época, los científicos le han dado a las computadoras más y más conciencia y habilidades. La pregunta de sesenta y cuatro mil dólares es: ¿Cuáles son los componentes de la conciencia que se necesitan para la sintiencia, la percepción? He estado tratando de responder esto estudiando mi propia mente.

Por supuesto, la ciencia aún no sabe por qué los humanos somos autoconscientes, pero creo que si meditamos al respecto podemos visualizar los componentes de la consciencia. La mayoría de las personas se consideran a sí mismas como una mente completa, a menudo sintiendo que son una persona pequeña dentro de sus cabezas, conduciendo su cuerpo. Si pasas tiempo observándote, verás que en realidad hay muchos subcomponentes.

He experimentado lo que es no tener lenguaje dos veces en mi vida . Es una sensación muy reveladora. La primera vez fue en la década de 1960, cuando tomé una dosis demasiado grande de LSD. La segunda vez fue hace años, cuando experimenté un ligero ACV. Si meditas, aprendes a visualizar los momentos en que observas la realidad sin lenguaje. Entonces te das cuenta de que tú no eres tus pensamientos. Los pensamientos son lenguaje y recuerdos, incluyendo recuerdos de experiencias sensoriales. Si te observas de cerca, sentirás que eres un observador separado de tus pensamientos. Un punto solitario que experimenta la realidad. Ese observador sólo desaparece cuando duermes o por el efecto de las drogas o los traumas. A veces, el observador se da cuenta de su propia presencia durante el sueño. Y si prestas suficiente atención, tu observador puede experimentar todo tipo de estados de conciencia, cada uno de los cuales considero un componente de la conciencia.

Lo importante a entender aquí es que el observador no es tus pensamientos. Las dos experiencias en que perdí mi componente de lenguaje fueron realmente esclarecedoras. En la década de 1960, los gurús del LSD afirmaban que el mismo provocaba un estado de conciencia superior. Yo creo que hace todo lo contrario, nos permite ser más animales. Creo que tanto en mi experiencia de ácido como en el mini ACV pude ver el mundo más parecido a como lo ve un perro. ¿Alguna vez te has preguntado cómo un animal ve la realidad sin lenguaje ni pensamientos?

Cuando tuve mi mini accidente cerebrovascular era el medio de la noche. Me desperté sintiéndome como si un rayo hubiese golpeado en mi sueño. Miré a mi esposa, pero no sabía cómo hablarle ni sabía su nombre. No tenía miedo. Me levanté y fui al baño. No tuve problemas para caminar. Encendí automáticamente la luz. Así que los reflejos condicionados estaban funcionando. Me senté en el inodoro y me quedé mirando las cosas. “Sabía” que faltaba algo, pero no tenía palabras ni cómo explicarlo, ni siquiera mentalmente, para mi mismo. Solo observaba lo que miraban mis ojos. Sentí cosas sin darles etiquetas. Solo estaba existiendo. No tengo idea de cuánto duró la experiencia. Finalmente, comenzó a regresar a mí el alfabeto y mentalmente empecé a recitar A, B, C, D, E, F …, entonces las palabras flotaron progresivamente hacia mi mente: baldosas, toallas, puertas, espejos, etc. Recordé el nombre de mi esposa, Susan. Me levanté y volví a la cama.

Últimamente, como mi capacidad para recordar palabras rápidamente ha comenzado a fallar, y me preocupa un posible futuro con Alzheimer, he estado pensando en ese estado de conciencia sin lenguaje. Las personas con demencia reaccionan de muchas maneras. Desde varios tipos de serenidad y calma hasta agitación, ira y violencia. Espero poder mantener la calma como lo hice en el baño en ese momento. Tener Alzheimer es como retroceder hacia la infancia. Perdemos nuestra capacidad de lenguaje, recuerdos, habilidades e incluso comportamientos condicionados. Pero el observador permanece.

La pregunta interesante es: ¿cuánto sabe el observador? Si alguna vez has estado muy enfermo, delirante o extremadamente ebrio, puedes recordar como aún así el observador se mantiene. El observador puede ser disminuido o dañado. Recuerdo estar muy borracho, tener visión de túnel y ver todo en blanco y negro. Mis habilidades cognitivas y de lenguaje eran casi nulas. Pero el observador fue lo último en irse. Imagino que lo mismo pasa con la demencia y la muerte.

Crear al observador será la primera etapa de la verdadera Inteligencia Artificial. La ciencia ya ha avanzado en el desarrollo de visión artificial, audición artificial, reconocimiento del idioma y otros componentes correspondientes a una conciencia mayor. Nunca se ha descubierto aún cómo agregar el observador. Es gracioso, pero me encanta contemplar la Inteligencia Artificial mientras me preocupo por la perdida de mis habilidades mentales.

Acabo de terminar un libro, American Wolf de Nate Blakeslee, sobre la reintroducción de lobos en Yellowstone. Los lobos son muy inteligentes y sociales, y se parecen mucho a los humanos. Blakeslee narra acciones de los lobos que me asombran. En una de ellas, un cazador le dispara a un lobo y camina por la nieve para recoger su trofeo. Pero a medida que se acerca al cuerpo, la compañera del lobo muerto aparece. Esta no amenaza al cazador, solo se sienta al lado del cuerpo y comienza a aullar. Luego aparece la manada y todos se sientan alrededor del cuerpo, también para aullar. Los lobos ignoran al cazador y solo se lamentan por su líder. Finalmente, el cazador retrocede para dejarlos en su vigilia. Decide recoger su trofeo más tarde.

He estado tratando de imaginar la mente del lobo que vio a su compañero asesinado por un humano. También tiene una mente observadora, pero sin lenguaje. Sin embargo, tenía vastos niveles de condicionamiento: viviendo en la naturaleza, socializando con otros lobos, y con experiencias con otros animales, incluidos los humanos. Los lobos rara vez matan a los humanos. Los lobos matan a muchos otros animales. Se matan rutinariamente entre sí. El libro de Blakeslee muestra que los lobos aman, sienten compasión e incluso empatía. Pero aparte de su propio lenguaje animal, no tienen nuestros niveles de lenguaje para explicar de manera abstracta la realidad. Ese lobo vio muerto a su compañero en la nieve. Por alguna razón, los lobos ignoran a las personas, incluso los que tienen armas. Los lobos en Yellowstone están acostumbrados a ser observados por los humanos. La manada que se presentó para llorar a su líder estaba haciendo lo que los lobos hacen desde el instinto. Es revelador intentar de imaginar lo que experimentaron cada uno de sus observadores particulares.

Si meditas, aprenderás a distinguir todos los componentes de tu conciencia. Hay muchos. Nos enseñan que tenemos cinco sentidos. Observarlos muestra cómo cada uno desempeña un papel en nuestra conciencia. Sin embargo, si sigues observando cuidadosamente, eventualmente notarás que tenemos más de cinco sentidos. Podemos identificar qué órgano sensorial siente hambre, sed, lujuria, dolor, etc. Y algunos sentidos son en realidad sentidos múltiples, como nuestra capacidad de probar. ¿No es acaso la conciencia de lo agridulce dos sentidos diferentes?

Sin embargo, siempre se vuelve al observador. Podemos sufrir enfermedades o traumas y el observador permanece hasta el último fragmento de conciencia. Podemos perder partes del cuerpo y sentidos y el observador permanece. Podemos perder palabras y recuerdos y el observador permanece.

Este conocimiento me deja contemplando dos cosas: una es cómo construir un observador artificial; y dos, cómo preparar a mi observador para la disolución de mi propia mente y cuerpo.

“No hay duda de que es posible pensar sin representaciones. El pensar nada tiene que ver con las representaciones, no se piensa mediante imágenes sino con conceptos y fórmulas. Y, justamente, allí donde terminan las imágenes empieza la filosofía. Sobre esto, precisamente, hemos discutido a menudo en nuestra mocedad: para tí el mundo esta formado de imágenes, para mi de conceptos. Decíate entonces que no tenías madera de pensador, y también te decía que eso no suponía una mengua porque, en cambio, dominas en el reino de las imágenes. Voy a explicártelo. Si en vez de correr mundo te hubieses hecho un pensador, habrías podido causar mucho daño. Hubieses sido un místico. Los místicos, para decirlo en forma breve y un tanto burda, son aquellos pensadores que no pueden emanciparse de las representaciones, por cuya razón no son, en realidad pensadores. Son artistas encubiertos: poetas sin versos, pintores sin pinceles, músicos sin notas. Hay entre ellos espíritus nobles y bien dotados, pero todos, sin excepción, son desgraciados. Tal hubieses podido ser tú. Y, en vez de eso, te has hecho, por suerte, artista, y has dominado el mundo de las imágenes, en el que puedes ser creador y señor, en vez de verte atascado y paralizado, como pensador, en lo insuficiente.”

“Narciso y Goldmundo” – Herman Hesse

“¿Qué sucede cuando la práctica de un artista se basa de manera sistemática en el engaño, la deshonestidad, la mentira, la fraudulencia, la imitación, el robo de identidad, el plagio, la manipulación del mercado, la guerra psicológica y el abuso consensuado? ¿Qué pasa cuando el humanismo se tira por la borda y la maquina tiene prioridad sobre la carne? ¿Qué sucede cuando una práctica artística se opone con firmeza a la emoción y promueve el estilo sobre la sustancia, lo insípido sobre la genialidad, el proceso mecánico sobre el contacto, el aburrimiento sobre el entretenimiento, la superficie sobre la profundidad? ¿Qué pasa cuando la meta del arte es la alienación y su propósito es desentenderse de todo aquello a lo que comúnmente le atribuimos valor cultural y social?”

“Escritura No-Creativa” – Kenneth Goldsmith (Original de “The Ninth Bridgewater Treatise” – Charles Babbage)

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